viernes, 13 de julio de 2012

Capítulo 8.


Tras haberme viciado a un juego y, debido a que tampoco estaba inspirada, pero con mucho trabajo, os traigo el capítulo 8 por fin. No es nada del otro mundo. Tan sólo es el preludio de, aunque los personajes aun no lo saben, el principio de algo que podría asemejarse al final. Sin más, y no muy contenta, aquí os lo dejo.
Capítulo 8.
Me desperezo lentamente, al tiempo que me froto los ojos. Siento un cansancio muy profundo, que ayer por la noche no pude notar, debido a la adrenalina de las situaciones vividas. Miro a mi derecha, pero no veo a Nei, ni sus zapatos. Giro la cabeza hasta la cama izquierda, pero Espe tampoco está. Y su chaqueta tampoco está colgada en la percha.

Bostezo, y entonces oigo la voz de Tonn otra vez, que avisa a gritos de que hay un Infectado muerto en el centro del Campamento.

Las manos empiezan a sudarme casi al instante. Me pongo muy nerviosa; Debí haber escondido anoche el cadáver, así no lo habrían descubierto, y ahora no estarían pensando en posibles culpables. Intento tranquilizarme; Pase lo que pase, no deben descubrir mi escapada nocturna, que estuve en la torreta, y, menos aun, que no avisé cuando el Infectado apareció ante mí.

Relajo la respiración y me seco las manos en las mantas, al tiempo que busco mis zapatillas con la mirada. Cuando las encuentro, me las pongo y me ato los cordones, con prisa, pues afuera probablemente ya se hayan reunido todos. Me seco el sudor de la frente con el dorso de la mano, ocultando la chaqueta que llevaba anoche, bajo la cama; Tiene manchas de sangre, y es una prueba evidente de que fui yo. Finalmente, salgo de la caseta que sirve como dormitorio para las chicas. Cuando me enteré de la separación de casetas por sexo, me extrañé; En una única caseta podríamos caber todos. Pero cuando lo consulté con Espe, se limitó a mover la cabeza en un gesto negativo y se giró, antes de irse.

Pienso en ello mientras me encamino hacia el centro del Campamento, en el que ya veo un corro formado alrededor de donde supongo que estará el Infectado que maté anoche. No puedo admitir que fui yo la que lo mató, así que ideo una excusa en caso de que los dedos acusadores me apunten: Anoche estaba tan cansada que me quedé dormida al instante, y no me he despertado hasta oír los gritos de Tonn, por eso he llegado la última. No es la mejor excusa del mundo, pero servirá; No tienen pruebas directas en contra mía, pues la chaqueta que me delataba la he dejado en la caseta. No pueden acusarme, ni confiar completamente en mis palabras. Pero claro, eso pasa con todos, es casi imposible descubrir la verdad.

Cuando llego al círculo improvisado que hay en torno al Infectado, se me revuelve el estómago. La imagen es asquerosa. El Infectado está tumbado en el suelo, boca arriba, con la punta de la flecha atravesándole el ojo. O lo que queda de ojo. Un líquido negro está disperso en el suelo, alrededor de su cabeza. Aparto la vista, pues anoche no aprecié tantos detalles debido a la oscuridad.

Estamos todos reunidos alrededor, sin saber muy bien qué hacer. Tonn, Espe, Nei, Jim, Alex un poco apartado, y los dos chicos. La otra chica, a la que le sentó mal la comida, sigue en la enfermería; Sería estúpido que estuviese aquí, pues ella no se ha podido mover de allí. Entonces, y cuando Espe se dispone a hablar, Nei se lleva las manos a la boca y se gira, agachándose y quedando en cuclillas. Me acerco a ella, y le miro a los ojos; Los tiene vidriosos.

-Eh… Oye, ¿Estás bien…? –Le pregunto, aunque suene estúpido. Gira la cabeza hacia mí, y me lanza una mirada que me da verdadera lástima.

-Sí, perdona… No estoy acostumbrada a ver esta… Este… A ver personas en este estado. Ni en las películas de miedo que veía antes de la Inundación… Se asemejaban a esta situación. Se me han revuelto las tripas.

Jim aparece a nuestro lado, apoyando una mano en el hombro de Nei. Ésta se gira, y Jim le sonríe. Nei esboza una sonrisa triste, y se pone en pie. Yo la imito, y juntas volvemos al círculo. Tonn ha cogido una rama de madera, y, junto a Espe, están intentando extraerle la punta de flecha del ojo. Cuando por fin lo consiguen, Tonn sujeta la flecha por la parte que no está manchada de sangre, y la deja en el suelo, al lado del Infectado.

-Habrá que limpiarla, nunca se sabe cuándo puede volverse a utilizar. –Espe ha tomado la palabra, y nos mira a todos directamente a los ojos, esperando una reacción por nuestra parte.

Las palmas de las manos me empiezan a sudar otra vez, pero me las seco en el pantalón disimuladamente. Espe suspira, y vuelve a hablar.

-Escuchad… No me voy a enfadar con la persona que haya sido, al contrario; Ha demostrado que los Infectados no son un problema para él o ella. Aunque pienso que debería haber avisado al grupo, de esa forma no se habría corrido ningún riesgo. –Alza la vista, y entorna los ojos.

Estoy tentada de contar la verdad. Muy tentada. Pero decido que lo mejor es el silencio; De lo contrario, pensarán que “La nueva” no cuenta con ellos, o alguna cosa similar. Y, también, en parte, no quiero hablar de mi excursión nocturna. Carraspeo levemente, y miro al resto de los presentes; Tonn está detrás de Espe, con los brazos cruzados; Él también espera que alguien confiese.

Nei evita a toda costa mirar al Infectado. Traga saliva, y mira hacia Espe y Tonn. Jim tiene la cabeza gacha, y juguetea con un colgante que tiene entre sus manos. El cabello negro oscuro le ondea en la frente con la brisa que sopla. En estos instantes me doy cuenta de que tan sólo es un niño aun. Alex está más alejado, sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la caseta central del Campamento. Parece que no le interesa mucho el tema del Infectado ni su posible asesino. Está más centrado en dibujar con una rama en el suelo de arena. Achico los ojos, y aprecio una especie de plano trazado en el suelo. Entonces, y de improvisto, se pone en pie, dirigiendo su mirada hacia mí. Aparto la vista instintivamente, y vuelvo a mirar a Espe.

Entonces, Alex se dirige con paso firme al círculo que hemos formado, y le habla directamente a Espe.

-Oye, podemos quedarnos aquí todo el día, intentando averiguar quién se ha intentado hacer el chulo cargándose a un Infectado, o podemos echarle un vistazo a las reservas. Bueno, no, porque ya se lo he echado yo. Y –Hace una pausa, mientras estamos expectantes. –Siento ser yo quien lo diga, pero apenas queda comida para una semana.

Casi siento el sobrecogimiento de todos. Casi puedo percibir cómo Espe hunde los hombros durante un segundo, pero rápidamente vuelve a adoptar su papel de líder.

-¿Y qué propones, Alex? Que yo sepa, no es que haya muchas tiendas a la vuelta de la esquina. –Tonn se ha adelantado a Espe, y ahora le encara, con una clara mueca de molestia.

-Hay más de las que te imaginas. Probablemente, no estén a la vuelta de la esquina, pero sí que hay muchas. Y, además, no tenemos que pagar ni un solo céntimo.

Nei se revuelve en su sitio, y baja la vista. Jim traga saliva y le da una patada a una piedrecilla. Tonn sigue manteniéndole la mirada a Alex, pero con menos determinación. Y Espe… Saca un cigarro de su bolsillo y lo enciende, nerviosa. Le da una profunda calada, y noto cómo se relaja. Sigo sin entender a qué se refiere Alex, pero, por la reacción de todos los presentes… No puede ser nada bueno.

-Mirad… Podemos intentarlo, ya lo hicimos la otra vez. Tan solo… Que la vez anterior tuvimos que huir por patas, pero esta vez puede ser diferente. Podemos quedarnos aquí, y morir de hambre, o ir y renovar las provisiones. Pero esta vez, cogeremos provisiones para un período de tiempo más largo.

-Sí, y para menos personas que la otra vez. –Jim sonríe amargamente y sigue jugueteando con su pulsera.
Entonces, Espe interviene.

-Alex, si vamos, perderemos más miembros. Podemos subsistir con los animales y plantas que nos da el bosque. Y el agua… El río está a apenas cuarenta minutos de aquí, en agua tampoco tenemos problemas.

Tonn niega con la cabeza, al parecer se ha puesto del bando de Alex.

-Dentro de un par de semanas, el invierno estará encima de nosotros. Y no tenemos nada para protegernos del frío; Las sábanas son de verano, y la ropa… Yo, desde luego, cuando pasó todo, no pensé en coger un abrigo por si hacía frío. –Sonríe tristemente y Alex le secunda.

-Podríamos morir de congelación, por mucha comida que tuviésemos. Además, ¿Cómo van a aguantar Jim y Nei las rondas de vigilancia en las torretas, a tal altura? Ahí hará aun más frío.

Es cierto. No me había percatado del aire frío que sopla desde el interior del bosque, y, anoche, después de mi pelea con el Infectado, no tuve problemas en dormir por el frío. Las hojas están amarillentas, y muchas ya han caído de los árboles. Las nevadas y el hielo se acercan, y no nos queda más remedio que protegernos. La opción de ir a por provisiones es mejor que la de congelarme, pero no es decisión mía.

Espe nos mira uno a uno, y, tras un suspiro de resignación, alega:

-Bien, si os ponéis así, no me queda más remedio que dar el visto bueno. Sin embargo, tendremos que votar; Las decisiones no se pueden tomar contando con la opinión de tres personas. Los que estén a favor, que levanten la mano.

Somos nueve personas, pero una de ellas está en la enfermería, así que ella no tendrá que ir a buscar provisiones. No “sufrirá” las consecuencias. O eso creo. De todas formas, Jim va corriendo a explicarle la situación y preguntarle su opinión. Al cabo de unos minutos, vuelve exhausto, y nos comunica que la chica está en contra de que vayamos.

Poco a poco, las manos van alzándose. Alex es el primero en levantar la mano sobre su cabeza. Lo tiene muy claro. Luego alza el brazo Nei. No me lo esperaba de ella, pero esto me demuestra que aun los conozco muy poco. Espe se mantiene con las manos bajadas, sin hacer siquiera un gesto de movimiento, al igual que Jim. Dos a favor y dos en contra. A continuación, es Tonn el que levanta el brazo, retando con la mirada a todos los presentes. Luego, los dos chicos se lanzan una mirada entre ellos, y uno levanta el brazo. El otro se mantiene igual. Soy yo la única que queda, con un claro empate entre manos. Literalmente.

4 a favor y 4 en contra. Miro a Jim, que me observa casi suplicante; Quiere impedir con todas sus fuerzas ir a ese sitio en el que conseguiremos provisiones. Y, aunque esta decisión no debería recaer sobre mí, y cuando Espe está a punto de denegar la propuesta, alzo el brazo.

Noto el brillo en los ojos de Tonn cuando voto. El miedo resplandece en ellos, como en los demás rostros que observo. Mi propio miedo me invade; Ya no hay vuelta atrás.

-Entonces, decidido. Mañana por la mañana partiremos a la ciudad.

Alex se da la vuelta tras esas palabras, y siento el miedo invadir todo mi cuerpo. Nei a mi lado se lleva las manos al rostro, y Jim acude a animarla. Pero ni él mismo puede reprimir el temor.

FIN DEL CAPÍTULO 8.

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