jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 5.


Capítulo 5.
Cuando despierto, no logro ubicarme. Me encuentro tumbada boca arriba en una cama maltrecha, en una sala con paredes de madera, levemente carcomidas por el moho y las termitas. Me incorporo, quedando sentada, pero un dolor punzante en el costado y en el oído izquierdo hace que me vuelva a tumbar, conteniendo la respiración. Durante un segundo me mareo, pero al instante vuelvo a abrir los ojos.
Compruebo que solo estoy yo en la sala, e inspecciono la habitación. Es un habitáculo pequeño, en el que hay apenas otras tres camas como la mía. La puerta está al fondo, semiabierta. Deduzco que debe de tratarse de la enfermería del campamento, pues en una pequeña mesita reposa un maletín de primeros auxilios. Una leve brisa me revuelve el pelo, y me da en las mejillas, tranquilizándome un poco. Observo a mi alrededor, y veo que a la derecha hay una ventana con los cristales rotos.
Justo en ese momento, la puerta emite un crujido, y seguidamente se abre, captando mi atención. Veo que es Jim, y me relajo, entrecerrando los ojos.

-Hey. –Me saluda, alzando una mano, al tiempo que acerca un taburete de madera, que estaba situado a unos metros, en una de las camas cercanas a la puerta. -¿Cómo te encuentras? Llevas durmiendo tres horas desde que te dejamos aquí.  –Mientras habla, observo que hace numerosos gestos y muecas.

-Pues… El costado me da punzadas, y el oído… Creo que he perdido audición por el oído izquierdo. –Le respondo, a la par que me siento, comprobando que el dolor del costado va menguando lentamente. En ese momento, me viene a la mente el plan, Jim sobrevolando la estaca en la que estaba atado Tonn, y yo misma haciendo volar por los aires toda la munición. -¿Qué pasó después de… La explosión? –Le pregunto, intentando recordar.

-El plan salió bien. Muy bien, diría yo, aunque Espe tuvo reservas a la hora de aceptar que habíamos acabado con casi todos los Infectados. Pero yo solo soy ahora un mensajero, será mejor que vengas a la Sala de Reuniones, allí podremos hablarlo todos, y, de paso, comemos algo, que seguro que estás hambrienta.

Ahora que lo dice, la verdad es que no tengo hambre. Es más, ni siquiera se me había pasado por la cabeza la idea de comer, pese a que ya está anocheciendo. Ha sido un día largo y agotador, y yo ni siquiera tengo hambre.

* * * * * *
Mientras vamos caminando por el campamento, le echo un vistazo a todas las casetas que hay montadas. Tienen un aspecto muy antiguo, como… Como si llevasen aquí muchísimos años, antes siquiera de que se refugiasen los supervivientes de la Inundación. Giramos a la derecha, y he podido comprobar que había una caseta más como en la que yo he estado durmiendo. Tal vez no sea una enfermería, si no una especie de salita para pasar la noche.

Finalmente, llegamos a la que, supongo, será la Sala de Reunión. Es circular, con las paredes de madera, aunque no se encuentra en tan mal estado como el resto de casetas. Justo detrás de nosotros, hay otro gran habitáculo, aunque este es en forma rectangular.
Esta vez, en las torretas, no hay nadie vigilando.
Jim abre una pequeña portezuela, y me deja pasar primero. Le doy las gracias con un gesto de la cabeza, y paso dentro, mirando el interior de la estancia. Tiene una mesa circular, con numerosas sillas alrededor, en las cuales están sentados la mayoría de los presentes, exceptuando a Tonn y a Espe, que están hablando cerca de una ventana.

Espe me hace un gesto con la cabeza, saludándome, y Tonn alza la mano, con una mirada un tanto fría. A continuación, inspecciono toda la sala, acercándome a una cómoda que está situada cerca de una de las ventanas. Paso el dedo por encima de la madera, quedándose así manchado del polvo acumulado. Cada vez estoy más convencida de que este sitio tiene muchos más años de los que creía cuando llegué.
Jim me mira, y logro entender que debo tomar asiento. Me acerco a la mesa circular, y acerco una silla, sentándome entre la chica de los prismáticos y Jim. Observo la mesa; Tiene bastantes astillas, pero aun así, es preciosa. Un grabado circular de colores vivos está dibujado en su superficie, en la que se entrelazan numerosas cintas de diversos colores. Contrasta completamente con el resto del campamento, el cual apenas destacan un gris apagado o un marrón clarito.
 A la vez que yo me siento, el resto de personas en la habitación se van acercando lentamente a la mesa, tomando asiento y charlando los unos con los otros. Los últimos rezagados son Tonn y Espe, que se sientan en sillas opuestas.
Comienzo a ponerme nerviosa, y a observar a todas personas de la habitación. Hay una docena reunidos alrededor de la mesa, sin contarme a mí. Reconozco a Espe, a Jim, a Tonn, al chico de la herida en el brazo, -La cual tiene vendada fuertemente-, y a la chica de los prismáticos, la cual está sentada a mi derecha. El resto de personas son 5 chicos y 2 chicas, que están hablando en un tono de voz muy bajo.
Entonces, Espe pide silencio con una sonora palmada en la mesa, y todos enmudecen. Nos quedamos mirándola, esperando que comience a hablar. Lo medita unos instantes, y finalmente comienza:
 -He convocado esta reunión porque hoy se decidirá quiénes son verdaderamente parte del Campamento. –Tras estas palabras, todos expresamos gestos de confusión, y ella prosigue.
-Pero de eso hablaremos más tarde, lo que viene al caso ahora mismo es la misión de hoy, gracias a la cual, hemos podido echar del campamento a los Infectados, aunque no sabemos a ciencia cierta durante cuánto tiempo. Hay miles, diría que millones de Infectados ahí afuera, dispuestos a arrancarse los brazos mutuamente por un pedazo de nuestra carne. Y creo, que no hemos visto la que se nos venía encima hasta hoy. Creo que no nos hemos percatado de todo esto hasta hoy, me incluyo a mí misma.
 Por fin. A ver si me explican de una vez qué sucedió mientras yo dormía. Intento relajarme en mi silla, pero es muy incómoda, y la madera es demasiado antigua. Espe continúa hablando.

-Bueno, voy a proceder a hacer un resumen para los que no están del todo enterados de en qué consistía el plan. –Dice esto mirándome a mí, y sé que debo prestar atención.
** Cinco horas antes **
Cuando termino de presentarme con Jim, vuelvo a apoyarme en la pared del almacén, pensando en una solución rápida y eficaz para quitarnos de un plumazo a los Infectados de las cercanías del Campamento. Mientras, Jim y Espe hablan de algo referente a los turnos de vigilancia.
 -Sí, hoy me tocaba a mí, Jim. ¿No ves que hace dos días te tocó a ti? –Espe mete la mano en su cazadora, y saca un paquete de cigarros, al tiempo que saca un mechero del otro bolsillo.
 -Ya lo se, Espe, pero como dijiste que tú hoy querías vigilar las reservas del almacén y eso… Además, la munición es peligrosa, y yo soy un novato aun. –Jim se sofoca mientras dice estas palabras, al tiempo que mira en dirección al almacén.
 Entonces, un pensamiento, una idea va abriéndose paso por mi cabeza, hasta que la formulo con mi voz.
 -¿Munición? ¿Explosivos? –Le pregunto a Espe, separándome de la pared y mostrando interés.
 -Sí, cuando llegamos al Campamento había una gran reserva de explosivos, pólvora y armas en los almacenes, así que lo reunimos en uno solo, que está constantemente vigilado. –Espe alza una ceja, y seguidamente vuelve a hablar. -¿Por qué tanto interés ahora, de repente?
 -Porque… Se me ha ocurrido una idea. Es muy arriesgada, pero creo que puede funcionar si todos nos sincronizamos bien. –Al ver sus rostros inquisitivos, continúo. –Podríamos atraerlos. Pero no me refiero a atraerlos aquí, si no a un punto concreto en el campamento. Pero claro, en ese punto podría haber una especie de trampa previamente preparada por nosotros, y, como habéis nombrado los explosivos y la pólvora… Podríamos crear una explosión en cadena, cuando se reuniesen en torno al cebo, y… Bum. Infectados por los aires a tutiplén. ¿Qué os parece? El problema sería el cebo… Porque no creo que nadie esté dispuesto a ofrecerse voluntario.
 Tras mi idea, Espe lo medita unos segundos, y veo la cara de aprobación de Jim.
 -Ey, yo creo que podría funcionar si lo hacemos bien. –Espe asiente lentamente, y sé que he aportado algo de utilidad.
 Entonces, limpiamente, Jim coge cuatro ramitas del suelo, y las mezcla, cogiéndolas con el puño cerrado, de forma que no se vea cuál es la más larga.
 -Coged una ramita, el que saque la rama más larga, deberá hacer de cebo. –Tras sus palabras, Espe es la primera en elegir, le sigue Tonn, luego yo, y, finalmente, Jim se queda con la última.
 Comparamos las respectivas ramitas, y, con un gruñido de resignación, Tonn suspira.
 -Cómo no, debería haberme ofrecido voluntario y acabábamos antes. –Jim se ríe, y Espe esboza una sonrisa, que se le borra de la cara al segundo.
 -Jim, avisa a Alex y explícale el plan. Tonn, ayúdame a sacar toda la munición del almacén, y tú, -Dice señalándome- ve preparando el círculo de pólvora en el centro del campamento. Tenemos que actuar rápido, o de lo contrario los Infectados acabarán rompiendo la verja.
Fin del capítulo 5.

Mapa del Campamento y alrededores.

Aquí os dejo el mapa, muy mal hecho en Paint, pero que es sencillamente para que os ubiquéis mejor mientras la narración avanza. Por cierto, cada fin de semana intentaré subir una ficha de personaje; Esto es, una imagen del correspondiente personaje con su descripción física, psicológica, sus gustos... Etc. Claro está, sin desvelaros detalles importantes de la historia, solo como un extra, para que los conozcáis mejor. 

Mapa del campamento.
Y el enlace de la imagen: http://oi48.tinypic.com/2j1o7bo.jpg

Capítulo 4 [Segunda parte].


Este capítulo tiene algo de especial: Distintos puntos de vista se entrelazan entre sí, dando una panorámica más amplia de la historia. Espero que os guste.

Capítulo 4 [Segunda parte].
Ya he terminado de cortar el cerrojo. Ahora está en manos de esa chica. Corro a través del campamento, mirando hacia el cielo. Está encapotado, con miles de nubarrones cubriéndolo completamente. Se avecina una tormenta, con rayos incluidos.  Me fuerzo a mí misma, y consigo correr más rápido, hasta hallarme a tan sólo unos metros de la torreta, en la que Jim me espera. Me coloco el arnés rápidamente, y comienzo a subir la escalerilla que está empotrada en la torre, mientras Jim me silba para que me de prisa.
Miro hacia arriba, y le pongo mi peor cara de enfado. Observo cómo pone los ojos en blanco y se gira, a la par que comienza a inspeccionar el horizonte. Supongo que estará escrutando a las decenas de Infectados que, ahora mismo, se adentran poco a poco en el campamento. Un cigarro ahora mismo no me vendría mal para tranquilizarme.     
**********
Aguanta, me digo. Aunque las cuerdas me aprieten, aunque mi vértigo me esté matando. Debo aguantar por mis compañeros. Debo confiar en que el plan saldrá bien, debo confiar en esa chica.
Maldición. Un nudo en mi garganta amenaza con salir en forma de grito, pero no debo. Contengo la calma, y veo al grupo de Infectados. Uno de ellos clava su mirada en mí, y se que el momento ha llegado. El resto no tardan mucho en fijarse también en la estaca a la que estoy atado, y menos tiempo aun, en el aspecto tan sabroso que debo de tener. Les bastará con dar unos cuantos empujones, para que mi vulnerable soporte caiga, y yo con él.
Pese a mi poca movilidad, miro a la izquierda, y observo la torreta a la que Espe está subiendo lentamente. Me río para mí mismo; A ella también tiene que estar pasándole factura su vértigo, por la mueca que ha puesto al encontrarse a dos metros del suelo. Y ni siquiera ha ascendido un cuarto de la torreta. Sonrío para mí; Se que ella ni siquiera se habrá planteado gritar, pues su honor es demasiado poderoso. Y mucho menos delante de Jim. Tiene que dar buen ejemplo, por algo es la que dirige todo el campamento. Con apenas diecisiete años recién cumplidos, ha sabido organizarnos, infundirnos ánimos, y, sobre todo, prepararnos mental y físicamente para todas las batallas.

Respiro profundamente. Destenso los músculos, que estaban agarrotados debido a la tensión del momento, y me mentalizo. Confío en mis compañeros, y, sobre todo, confío en esa chica, a la que apenas he conocido en dos horas. Si algo sale mal… Al menos sabré que he confiado en los demás, en mí mismo, hasta en el último momento.
Aprieto los puños; Mis manos están sudando. Alzo la vista, y miro directamente a los ojos vacíos de los Infectados. Retándoles. Invitándoles a que vengan aquí, invitándoles a que me devoren.

* * * * * * *
Alzo el brazo por delante de mí, hacia abajo. Espe está ascendiendo por la escalerilla muy lentamente, casi diría que demasiado. Le ofrezco ayuda, tendiéndole mi mano. Ella me mira por un segundo, y comprendo perfectamente su mirada. No quiere mi ayuda.
Tiene vértigo, y aún así, no ha mirado hacia abajo ni una sola vez, ni se ha dejado amedrentar por los gruñidos y gritos de los Infectados, que avanzan hacia el centro del campamento a una velocidad pasmosa. En apenas unos minutos estarán a la altura de Tonn.
En apenas unos minutos se decidirá quién vive y quién muere. Los Infectados ya han puesto todas las cartas sobre la mesa, y tienen todas las de ganar. Sin embargo, nosotros tenemos un as en la manga, un as que está en manos de esa nueva chica y de Tonn. Hemos decidido confiar en ella, a pesar de que apenas lleva un par de horas aquí.
Sin embargo, ha sido ella quien ha propuesto la idea. Quien, cuando estábamos a punto de solventar que la única solución era huir por la puerta de emergencia del campamento, ha propuesto una idea tan arriesgada como factible.
Espe termina de subir a la torreta.

-¿Cómo ha ido? –Le pregunto, al ver el sudor de su frente, y el temblor de sus manos.

-Bien, pero la escalerilla está en muy mal estado. Tendremos que echarle un ojo cuando todo esto acabe. –Me responde, quitándole importancia. Ella nunca admitirá que lo ha pasado canutas.

La miro de reojo, y observo cómo mete la mano en uno de los bolsillos de su cazadora, y saca un paquete de cigarrillos. Todavía sigo preguntándome de dónde los saca; Siempre tiene una cajetilla a mano, y eso que estamos en medio de la nada.
Mete una mano en el otro bolsillo de la cazadora, pero no encuentra el mechero. Pone cara de exasperación, y río por lo bajo.  Aunque sea mediante cigarros, creo que le vendría bien no estar tan agitada.

-¿Sabes? –Me pregunta de repente, mientras yo escruto al grupo de Infectados. –Si esto sale mal, podemos ir despidiéndonos de este sitio como base. Y también podemos ir despidiéndonos los unos de los otros.

-No va a salir mal. –Le respondo, sin saber siquiera lo que digo, moviéndome tan solo por una esperanza ciega en todos nosotros.

-Eso espero, Jim. Porque si sale mal, no volveré a confiar en mi intuición. –Espe se gira hacia mí, y me sonríe. Creo que es la primera vez que la veo sonreír con tanta sinceridad, y no por pura cortesía. Observo la marcha de los Infectados, y me acerco al borde de la torre. Levanto la mano, y realizo un gesto hacia detrás del almacén. Ahora solo podemos tener fe.

* * * * * * *
Esa chica me da muy mala espina. Está atrincherada a mi lado, con la cuerda en sus manos, y el mechero de Espe en la otra. Miro de nuevo por detrás del almacén, hacia el palo en el que está atado Tonn. Pobre chico. Aunque ha sido por sorteo, no puedo evitar apiadarme de él; Si esto sale mal, será el peor parado de todos nosotros.
Vuelvo a mirar a la derecha, hacia la chica de pelo castaño y manos temblorosas. ¿Por qué han tenido que elegirla a ella? Sí, vale, ha sido la que ha tenido la idea, pero aun así… ¿Cómo pueden fiarse tan rápido en ella?
Frunzo los labios, y me giro hacia ella.

-Oye, ¿Estás segura de lo que haces? –Le pregunto, con un obvio deje de molestia en mi voz.

La chica me mira, y suspira. –No. Pero me ha tocado a mí, y hay que apechugar. Además, creo que no es tan difícil, tan solo… Hacerlo en el momento correcto. –Tras pronunciar estas palabras, dirige su mirada hacia la torre en la que se encuentra Jim, y por la que escala lentamente Espe. Aprieto fuertemente la pistola contra mi costado, y cierro los ojos por el dolor. La herida del hombro no deja de sangrar, y me da punzadas muy dolorosas. Pero debo resistir, ya tendré tiempo de quejarme si todo esto sale bien.
Espe termina de escalar, y conversa unos segundos con Jim. Seguidamente, éste le hace un gesto a la chica de mi lado, la cual pone en tensión todo su cuerpo.

* * * * * * *
Aprieto la cuerda entre mis dedos, y enciendo el mechero. Es la hora.
Sin pensarlo dos veces, salgo corriendo desde detrás del almacén, y atravieso el centro del campamento, pasando a una velocidad vertiginosa por delante de la torreta, sin mirar atrás. No puedo verlo, pero la cuerda se asienta en el suelo, al tiempo que mis pies pisotean el suelo, levantando la tierra y formando un humillo tras de mí.
Los Infectados ni siquiera se percatan de mi presencia cuando paso por detrás de ellos, cuando la cuerda queda a sus espaldas. Con cuidado de no pisar las muescas de pólvora del suelo, con cuidado de que no se corte en ni un solo tramo del camino, deposito el último centímetro de cuerda en el suelo.

Enciendo el mechero, y prendo la cuerda. Observo la mecha arder, observo cómo el fuego va siguiendo la cuerda, y, más tarde, la pólvora, hasta llegar al conjunto de munición que hay semienterrado a varios metros por detrás del palo en el que está atado Tonn.
Casi le veo tragar saliva, contener la respiración.
Por un segundo, todo se para: Espe con el cigarro en la mano, aún sin encender. Jim con los ojos muy abiertos, contemplando toda la escena. El chico de detrás del campamento, con la herida aun abierta en el hombro. Tonn atado, rezando, conteniendo la respiración.
Yo misma, recordando mi nombre.
Y, sin tan siquiera esperarlo, una explosión me devuelve a la realidad. Y otra más. Y otra.
Los oídos me pitan, casi los siento estallar. Ruedo por la gravilla, hacia detrás de la otra torreta, en la que la chica de los prismáticos escrutaba el horizonte cuando llegué. Quedo tendida boca arriba, oyendo las explosiones.
Las explosiones que rodean la estaca en la que está atado Tonn, y sobre la que Jim avanza a velocidad vertiginosa. Se balancea unos segundos sobre Tonn.
Una explosión sacude la tierra, y pierdo el conocimiento.

[Fin de la segunda parte].

Capítulo 4 [Primera parte]

Bueno, después de dos días, e intentando no demorarme con las personas que me leen, subo la primera parte del primer especial que realizo en mi fic. Mañana o pasado mañana subiré varios extras, y luego subiré la segunda parte. ¡Ojalá os guste!



Capítulo 4 [Especial].
Aprieto los puños, cerrándolos fuertemente. Achico los ojos, pues sigo sin ver bien de lejos. Los Infectados se apelotonan en la valla, ocupando cada vez más espacio. Algunos incluso han logrado escalar medio metro, aproximadamente. Frunzo el ceño, y medito qué puedo hacer. Tonn está situado a un metro por detrás de mí, y Espe ya se ha alejado bastante.
Inconscientemente, y, aunque sé que no es el mejor momento, me decido a echar un vistazo a mi alrededor.
 A mi derecha está situado el almacén en el que antes entró Tonn, y del que cogió las llaves. Fijándome bien, no es tan pequeño como parece. Podría ser perfectamente el salón de mi casa, o una cocina muy lujosa, quitando que está fabricado con madera, claro. A mi izquierda hay otra caseta, aunque esta es mucho más grande. Intuyo que será la sala de reuniones o algo parecido, debido a que, desde mi posición, no veo el final de las paredes, por lo que deduzco que es una sala redonda. Un poco más adelante, a diez metros de mí, hay una enorme torreta que se alza incluso por encima de la valla. Al mirar hacia arriba, veo a una chica apostada en su cima, que se dedica a escrutar el horizonte con unos prismáticos, en la dirección donde se encuentra la concentración de Infectados.

Sin embargo, y cuando comienzo a especular sobre quién será la chica, un fogonazo me sorprende. Proviene de detrás de mí. Me aparto a un lado instintivamente, cubriéndome la cabeza con las manos. Miro a ambos lados, sobrecogida, y veo a Tonn con una pistola en la mano, la cual apunta directamente a la reja en la que están los Infectados.

-Tonn, ¡Eres idiota, ¿O qué te pasa?! –Espe se altera, y se acerca a grandes zancadas hasta Tonn, el cual está contemplando la verja con una ceja arqueada.

-No soy idiota, Espe, escúchame por una vez.  Podemos abatir a los Infectados a tiros. –Tonn baja el brazo, y seguidamente inspecciona su pistola, escrutando el gatillo, y la munición.

-Sí, definitivamente eres idiota. –Espe sacude la cabeza y pone los ojos en blanco. –Tonn, ¿Te das cuenta de el hecho de que liarte a tiros con los Infectados, solo hará que el resto que haya pululando por la zona, vengan atraídos como polillas al campamento? Y deja que te diga, que probablemente podrás con los que ahora están en la reja, pero cuando se acabe la munición, me da la impresión de que no dirás lo mismo. –Espe carraspea y le arrebata la pistola de las manos, guardándosela en el bolsillo.

Tras este gesto, Tonn baja el rostro, visiblemente ofendido. Yo observo la escena con timidez; Es algo tan cotidiano para ellos, que no sé qué decir. Ni siquiera se me ocurre algo más eficaz que lo que ha intentado hacer Tonn.

* * * * * * *

Las rejas hacen un sonido cada vez más irritante. Los Infectados se dedican a zarandearla, empujar y cargar contra ella, o apelotonarse los unos sobre los otros, llegando a veces a rozar la parte superior, pero sus mugrientos dedos acaban escurriéndose; No son capaces de hacer contrapeso para pasar al otro lado.

Nos hemos sentado contra la pared del almacén, pues no se nos ocurría nada. Espe ha pensado en varias opciones; Ahuyentar a los Infectados con la pistola, que alguien haga de cebo, corriendo bosque adentro para que los Infectados le persigan… Pero las hemos descartado todas. Hay que buscar una solución fuerte, que sepa echarlos definitivamente, algo que haga que tengan miedo de este lugar. Sin embargo, parece que esa posibilidad no existe, o que no somos lo suficientemente ingeniosos para encontrarla.

Yo he cogido un palo de madera, y estoy escribiendo en el suelo, de una forma que ni tan siquiera yo me creía capaz. Parece que mi problema de memoria no afecta a las cosas cotidianas, eso está claro. Tonn está apoyado contra la pared, de pie, jugueteando con la cremallera de su chaqueta. Espe lleva un buen rato dando vueltas en círculos, parándose de vez en cuando, diciendo alguna nueva idea, y enfadándose cuando la rechazamos.

El chico de la campana ya no la hace repiquetear; Ahora está sentado en la torre, con los pies colgando, y el rostro en dirección a la valla. Me asalta una duda: ¿Quién es ese chaval? Tiene que formar parte del campamento, y, por lo que se ve, su misión es avisar de los posibles peligros al resto.
Justo parece que me ha leído la mente, pues en ese mismo instante, comienza a bajar por unas escalerillas que hay pegadas a la torre, de forma muy poco grácil. Cuando al fin alcanza el suelo con un pequeño saltito, lo observo acercarse a nosotros. Es un poco más bajo que yo, y cuando llega a nuestro lado, puedo apreciar sus rasgos; Viste pantalones cortos, sandalias que le llegan hasta los tobillos, y una camiseta que le queda larga. Lleva el pelo corto, de un tono negro azabache. Los ojos van a juego con el color, y en este caso, asocio el color de sus ojos con el café caliente, ese que aún ni siquiera ha sido servido, el que se mantiene humeante en la cafetera.

Tonn se pone en pie rápidamente, y se dirige a él con gesto enfadado.

-Eh, Jim. ¿Por qué bajas de la torre? Así no tenemos a nadie que nos avise de si se acercan más Infectados.

El chico se encoge de hombros. -¿Y para qué serviría que os avisase? –Le responde. –Vais a seguir ahí sentados, así que tampoco sería de mucha utilidad.

El chico mira a Tonn a los ojos, y luego dirige su mirada a mí. Me mira con evidente curiosidad, sin decidirse a hablar. Mira con gesto interrogante a Espe, que hace una mueca y procede a contar todo el episodio del bosque.

-Vaya, así que Espe ha tenido que salvarte de un Infectado… -Sonríe, y acto seguido, añade.
 –A ver si te salva también de esta. –Mira hacia un lado, y me tiende su mano, al tiempo que se presenta. –Yo me llamo Jim, aunque aquí me llaman “El pequeño Jim”, debido a que soy el más pequeño del grupo. Apenas cumplí los 14 un par de días antes de que la Inundación destrozase el negocio de mi familia. Con mi familia y yo mismo dentro.

Me sobrecojo ante sus palabras, pero él se limita a sonreír tristemente, así que me limito a devolverle el apretón de manos, mientras añado que yo no sé quién soy, y que ni siquiera se mi edad, así que podría pasar a ser “La pequeña nueva del campamento”, o algo parecido.

* * * * *
Tonn está atado en un poste de madera, a cinco metros del suelo. Las cuerdas sostienen fuertemente su pecho, sin dejarle moverse siquiera. Los Infectados se apelotonan en la entrada del campamento, ansiosos de carne fresca. Zarandean sus cuerpos, sus manos, entre los barrotes que sostienen las rejas. Abren sus bocas lentamente, dejando que la baba caiga sobre el suelo empedrado. Aprieto los dientes, sosteniendo el tesoro que tengo entre mis manos. Cierro los ojos, y pienso en cómo se han desarrollado las dos últimas horas. En lo que está a punto de suceder, y en todo lo que nos jugamos. Trago saliva, y miro al chico que está a mi lado, con una pistola en la mano; No dudará en disparar si se acercan a él. Está sudando, y aprieta los dientes, pues la herida de su hombro no deja de sangrar.

Miro a Jim, estoy detrás del almacén. Él está en lo alto de la torreta, y me lanza una última mirada, antes de hacerme el gesto que confirma que me llega la hora de actuar. Miro a la izquierda, y veo a Espe en la entrada.

Termina de cortar el cerrojo, y los Infectados se arremolinan en torno a la verja, a apenas tres segundos de entrar en el campamento, al tiempo que Espe huye, atravesando a una velocidad vertiginosa el campamento, hasta llegar a la torreta y ponerse a salvo.

Fin de la primera parte.

Capítulo 3.

Bueno, siento la espera, pero estos días no he tenido tiempo para escribir. Y repasar las faltas, preparar la sopresa del capítulo 4... Cansa bastante xDD Bueno, aquí tenéis, y una vez más, gracias por leerme.



Capítulo 3.
Espe posa su mano sobre mi hombro, haciendo que me sobresalte, pues estaba contemplando ensimismada las puertas, las rejas metálicas que se alzan ante mí. Me giro hacia ella, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo el campamento.

-Oye… Creo que deberías decirme cómo te llamas, antes de entrar ahí. –Me pregunta, con evidente curiosidad.

-Verás… El caso es que… -Comienzo a decir, sin encontrar las palabras exactas, sin saber cómo decirle que no sé cómo me llamo, quién soy…, Que ni siquiera soy capaz de decirle mi edad exacta.
En ese preciso instante, una voz grave proveniente de detrás de mi hace que me gire bruscamente.

-Oye, Espe, ¿Qué haces aún detrás de la reja? Creo que ya es hora de que vuelvas, se está haciendo tarde, y, una chica como tú, sin un macho alfa como yo, corre el riesgo de que algún Infectado le de un mordisquito.

Observo al chico que hay apostado detrás de la verja, apoyado contra la misma. Apenas está a un metro y medio de nosotras, y ni siquiera me he percatado de cuándo ha llegado. Mide cerca del metro ochenta y cinco, y tiene los ojos de un color café, pero no de un tono oscuro, ni claro como el café con leche, sino como ese café que ya lleva un rato encima de la mesa, pero que no acaba de clarearse.

-Anda, cállate, no estoy fuera del campamento por gusto. Me tocaba vigilar hoy a mí. Al que le gusta el bosque y subirse a los árboles es a ti, querido. –Espe hace un mohín, riéndose levemente, mientras el chico esboza una mueca de fastidio y se da la vuelta.

-¿Y esta chica…? ¿Quién se supone que es? –El chico formula la pregunta a media voz, sin volver a girarse, al tiempo que se acerca a uno de los muros, en el que hay una puerta de madera. Entra, y a los dos minutos vuelve a salir, con un manojo de llaves en la mano.
Mientras comienza a abrir las puertas de la reja, yo pienso rápidamente en qué responder, pues, por lo que se ve, Espe no tiene intención de responder por mí.
Sin embargo, y justo cuando asumo que voy a  tener que decirles la verdad, aun a riesgo de que no quieran hacerse cargo de alguien que ni siquiera sabe qué número de pie calza, Espe me lanza una mirada fugaz, a la vez que alza la voz cuando el chico se acerca a nosotras.

-Oye, Tonn, creo que deberías haber cogido las otras llaves, esas están muy gastadas y puede que la reja no ceda. Es más, podrías romper la llave, y, como se quede dentro, no vamos a poder abrir la puerta.

-Siempre le pones pegas a todo lo que hago, déjame por una vez. –Seguidamente, introduce la llave en la cerradura, y, tras varios gestos y giros de muñeca, la verja cede con un crujido.

El chico esboza una sonrisa victoriosa, y mira a Espe, como reprochándole que le lleve la contraria.

-Tú siempre tan idiota. –Espe entra sonriendo en el campamento, y el llamado Tonn vuelve a entrar en el cuartito, dejando las llaves dentro.

Cuando por fin me decido a dar el primer paso, respiro hondo y traspaso la puerta, con cuidado de no quedarme rezagada, pues Espe va unos cuantos metros por delante de mí. Tonn anda a paso lento detrás de mí, mirando hacia el suelo. Cuando voy a comenzar a andar más deprisa, escucho su voz, en tono de reproche.

-¿Qué te ha pasado en la pierna?

Siento una punzada en el estómago, e inmediatamente comienzo a buscar una respuesta. ¿Qué le digo? ¿Me caí de un árbol? ¿Me atropelló un coche? No, no creo que haya muchos coches, teniendo en cuenta que estamos en medio de la nada. Finalmente, opto por decirle la verdad.

-No lo sé. Sinceramente, ni siquiera sé a ciencia cierta quién soy. Lo único que recuerdo, es que me quedé inconsciente en la carretera que está por allí. –Señalo hacia el bosque, donde antes sucedió la pequeña escaramuza con el Infectado.
Espero su reacción, pero se limita a encogerse de hombros, como si no tuviese mucha importancia. Alzo una ceja, y se acerca hasta caminar a mi lado.

-¿Sabes? Creo que no importa. Creo que no importa lo que hicieses antes, porque todo eso se ha acabado. –Alza la vista, y me mira directamente a los ojos. Contemplo sus facciones, y me percato de que apenas puede tener 3 años más que yo. –Creo que lo único que podemos hacer ahora, es luchar por tener una nueva vida, un futuro más allá de este campamento.

Medito sus palabras en silencio. ¿Y si tiene razón? Tal vez no importa lo que pasó antes, tal vez tengo que hacerme a la idea de que lo primordial ahora es la supervivencia… Pero no. ¿A quién quiero engañar? Quiero saber quién soy, quiénes son mi familia, cómo era mi vida antes…
Y, en medio de tanta bruma de pensamientos, consigo entrever uno que se impone sobre los demás; Un objetivo. Hay algo que me mueve a querer recuperar los pensamientos, los recuerdos. En este instante, me hago la firme promesa de que algún día sabré llegar a lo más hondo de mi mente para recuperar todo eso.
Me giro y le sonrío. No se muy bien por qué, pero sus palabras me han tranquilizado un poco; Al menos no van a estar pendientes de mi pasado.

-Uhm… -Carraspeo, y Espe se gira. –Espe, ¿Aquí acogéis a todo el que viene como yo? ¿O solo es un sitio provisional…?

Lo medita unos instantes, y luego responde. –Es que aquí no viene mucha gente, chica. Que yo sepa, tú eres la segunda que viene desde que la Guerra empezó. –Ante mi cara de confusión, se explica. –Los pocos supervivientes de la zona nos reunimos cuando las lluvias acabaron. Como mucho, quedarán un par de personas más por venir, si es que no se las arreglan solos. O si no han sido devorados por los Infectados.

Tras sus últimas palabras, bajo la vista. Eso me ha llegado. Por primera vez desde que me he despertado, creo que soy consciente por fin del peligro en el que me veo involucrada. De la realidad en la que viviré a partir de ahora.

Y, como si de magia negra se tratase, como si un viento huracanado comenzase a soplar, comienzo a escuchar un pitido en mis oídos. Miro a Tonn, que está a mi lado, que a su vez mira con expresión grave a Espe. Ésta tiene los ojos muy abiertos, y mira al cielo, a la vez que achica los ojos.
Sigo su mirada con la vista, y comprendo qué es lo que observa; Una torre se alza sobre nosotros, y un chaval que está apostado arriba hace sonar repetidas veces una especie de campana.

En ese instante, Tonn me agarra del brazo, y me mira directamente a los ojos.

-Siento tener que decirte esto, chica, pero… Es tu primer día, y ya vas a arriesgarte a morir a manos de los Infectados. ¿Estás con nosotros, o no? –Me pregunta, con urgencia.

No dudo al responder.

-Estoy con vosotros. –Un sonido metálico me sorprende, y, al girarme, comprendo de dónde viene; La valla metálica está siendo golpeada por decenas de Infectados, que cuelan sus mugrientos brazos entre los barrotes, queriéndonos llevar al mismísimo Infierno.

Capítulo 2.


Bueno, iré subiendo los capítulos cada dos, tres o puede que a veces tarde cuatro días. Muchisimas gracias a todos los que me leéis. En este capítulo ya se va a ver por donde circula la historia.

Capítulo 2.
Silencio. Es lo único que se escucha tras sus palabras. Un silencio que se clava, que se percibe, que casi diría que se puede cortar con un cuchillo. Asimilo lentamente lo que me acaba de decir, sin comprender del todo a qué se refiere.
Sin querer comprenderlo. La ceja que tenía arqueada va volviendo a su posición inicial, a medida que las preguntas se agolpan en mi cabeza.

-¿Qué Infectados? –Pregunto, casi en un susurro, dirigida más bien a mí misma que a ella, sin querer saber la respuesta. –¿Este monstruo era un Infectado? –Formulo la pregunta alzando un poco más la voz, para que no pueda notar el miedo que me invade, a la vez que le echo una rápida ojeada al ser que está tendido en el suelo, a unos pasos de mí.

Tras mi cuestión, la chica se gira de nuevo, y me hace un gesto con la mano, indicándome que la siga. Dudo un momento, pero finalmente me coloco a su lado –No quiero ir detrás de ella como un perrito faldero-, y comenzamos a andar, sin saber muy bien hacia dónde me lleva. Contemplo los árboles, el musgo, la hierba que me roza los pies. Ahora que me fijo, veo claramente que tengo un zapato muy gastado, casualmente el izquierdo. ¿Qué me habrá pasado para tener la pierna en tan mal estado?

-La Guerra comenzó hace un par de semanas, apenas dos meses después de que la inundación lo dejase todo hecho una mierda. –La chica comienza a hablar, mirando al suelo mientras caminamos. –Oye, no miro al suelo porque me intimides ni porque esté sentimental. –Dice, y no puedo evitar sonreír, pues es justo lo que estaba pensando. Vaya, yo que pensaba que tal vez impusiera algo de respeto.

-¿Una Inundación? Pero… ¿Entonces, cómo es que esta parte ha sobrevivido? Quiero decir… ¿Qué partes del mundo han quedado inundadas? –Pregunté, con clara confusión.

Es curioso. Me acuerdo de cosas tan complejas como lo son el idioma,  de los conocimientos que cualquiera que haya estudiado tendría… Pero no tengo ni idea de cómo me llamo.

-Sí, una Inundación. Es difícil determinar dónde nos encontramos ahora mismo, pero puedo asegurarte que todas las zonas cercanas a la costa, han quedado completamente destruídas. Es probable que, si las sobrevuelas, tan sólo veas la punta de los edificios más altos sobresaliendo del agua. –Cuando pronuncia estas palabras, el corazón se me encoge.
No sé muy bien por qué, pero creo que esta reacción deja ver que yo vivía en alguna zona cercana a la costa.
Entonces… ¿Cómo demonios he llegado aquí?

-Ya veo… ¿Y se puede saber qué era exactamente ese… Ese monstruo de antes? –Susurro, sin dejar de pensar en qué me ha podido pasar para acabar aquí, con una pierna en muy mal estado y sin saber quién soy.

-Nadie lo sabe. Lo único que sabemos, es que atacan directamente a los humanos. También hemos estado fijándonos en el aspecto, y parecen humanos. Pero no son humanos, al menos, ya no.  –Me responde, mirándome directamente a los ojos, intentando decir algo más… Que yo no consigo descifrar. –Bueno… El origen del nombre que les hemos puesto, Infectados, es porque todos suponemos que debe de haber, o hubo alguna clase de virus que creó estas criaturas, de lo contrario, no nos explicamos cómo han surgido.

No paso por alto la forma del plural. ¿Nosotros? Entonces, hay alguien más. Probablemente esta chica sea de dentro del edificio que estamos rodeando. Probablemente, haya muchos más como ella. A lo mejor este es solo uno de los muchos campamentos que tienen montados alrededor del mundo.

-Y… -Empiezo la frase, dispuesta a preguntarle acerca de los demás “soldados”, sobre la Guerra, sobre cómo había surgido la Inundación. Pero no la termino. Porque en este preciso instante, alza la mano, justo delante de mi cara, en un gesto que deja claro que debo callarme.
A los pocos segundos, y sin dejar de caminar, comienzo a pisar suelo empedrado, un suelo de piedras irregulares que sobresalen. Y, al girar la vista, contemplo lo que probablemente, es la entrada de la base, de la resistencia contra los Infectados.
La chica se detiene a unos cuantos pasos de la gran entrada, y se gira hacia mí.

-Por cierto… -Comienza a decir, al tiempo que vuelvo la vista hacia ella. –Me llamo Esperanza, puedes llamarme Espe, todos me llaman así. –Sonrío ante el nombre, es uno de los más extraños que he oído en… ¿Mi vida? –Se podría decir que soy la esperanza de esta guerra. –Dice, riéndose ante su propia ocurrencia, y yo bajo la vista, al tiempo que reanudo el paso, temiendo que me pregunte cómo me llamo; No sabría cómo explicarle que no tengo ni idea de quién soy.

-Hemos llegado… -Susurro, al estar en frente de las puertas metálicas, casi inaudiblemente, al tiempo que una bandada de pájaros estalla en un sonido gutural, alzando el vuelo por encima del bosque.

Capítulo 1.

Bueno, el capítulo debería haberlo subido mañana, pero varias personas me han pedido que lo suba ya, así que... ¿Por qué no?. Aquí lo tenéis.
Capítulo 1.
Cuando por fin llego al final del bosque, me quedo petrificada en mi sitio. Ante mí se alza una valla enorme, de cinco metros de altura. Aunque es de hierro y está oxidada, alzo la vista, y puedo ver que hay una alambrada arriba, y que la valla termina en punta. ¿Y ahora qué? Genial, por culpa de mi vaguería he estado andando una hora por este bosque, en vez de haber caminado por la llanura, y haber llegado a algún lugar normal.

Me doy la vuelta, suspirando apesadumbrada, cuando un leve siseo llega a mis oídos. El siseo se va convirtiendo lentamente en un ruido molesto, y miro a mi alrededor buscando el causante. Antes de que pueda darme cuenta, alguien salta sobre mí y me hace rodar por los suelos, haciendo que mi pierna izquierda, (Y yo misma) se queje de dolor. Cuando la ¿Persona? Que ha caído sobre mí, y yo, terminamos de rodar, me quedo boca arriba, mirando el cielo invadido por los arbolillos del bosque. Me siento, y puedo contemplar a la chica de mi derecha, que se ha apresurado a ponerse en pie, y está escrutando el bosque, con evidente señal de alarma. Alzo una ceja, y suspiro de nuevo, pensando que ojalá me despertase de una vez de este estúpido sueño.

-Oye, tú, ¿Piensas quedarte ahí toda la mañana? –Me dice la chica, analizándome de arriba abajo, mientras le miro con evidente ironía.

-Claro, no tengo otra cosa mejor que hacer. –Digo mientras me vuelvo a recostar en el frío suelo del bosque.

-…Desde luego, sois todos iguales. Todos los nuevos que venís aquí os creéis que vais a ganar esta guerra vosotros solos.

Se me hiela el corazón. ¿Qué guerra?

-¿Qué guerra? –Le pregunto, a medida que noto cómo los latidos del corazón van volviéndose más rápidos.

-Hmpf… -La chica se gira, y sigue escrutando el bosque, buscando algo, mientras yo me incorporo y me sitúo detrás de ella. -¿Qué guerra? -Vuelvo a preguntarle, al tiempo que la pierna acentúa sus punzadas.
La chica se gira de repente, quedando frente a frente conmigo. Le reto con la mirada, escrutándola, percatándome de que apenas puede tener un par de años más que yo. Diecisiete, tal vez, dieciocho a lo sumo. Supongo que ella también me estará analizando, y en el breve momento en el que nuestras miradas se escrutan, me fijo en sus ojos verdes esmeralda, profundos, decididos, directos. Carraspeo un poco, y finalmente decido apartar yo primera la vista, perdiendo el duelo de miradas.


-Je… -La oigo reírse a mis espaldas, con un claro deje de victoria en su voz. Reprimo los impulsos infantiles de girarme otra vez y volver a retarle, y, cuando voy a recoger mi rama del suelo y volver a la carretera, oigo el zumbido otra vez. Pero en esta ocasión es muy profundo, casi diría que agónico.

Sin tiempo de intentar averiguar de dónde procede, noto a una criatura moviéndose a mi derecha, la miro por el rabillo del ojo, y abro la boca ante la horrible visión que me ha producido. Abro los ojos completamente y una sensación de alarma se apodera de mí, al tiempo que la rama se me cae al suelo, hago ademán de retroceder. La criatura abre la boca, de la que cuelga un hilo de babas que me produce un escalofrío de asco. Levanta lentamente un brazo, y, antes de que pueda reaccionar siquiera, hace un movimiento rápido que me araña buena parte del hombro.
Exclamo un grito de dolor, en el mismo instante en que la sangre comienza a salir de la herida. Reacciono por fin, y retrocedo varios pasos hacia atrás, al tiempo que busco ayuda, a la chica que hasta hace unos segundos estaba aquí.
Pero no hay nadie. Dejándonos a un lado a la criatura asquerosa y a mi, por supuesto. Miro al suelo, buscando algún objeto punzante, o algo con lo que intentar defenderme de esta especie de monstruo. Encuentro entre la maleza la rama que he usado para apoyarme durante todo el camino, y, cuando voy a cogerla, escucho un siseo proveniente de detrás de mí.
Me tiro al suelo, rodando de lado, aun a riesgo de que mi pierna sufra las consecuencias, pues es muy probable que el siseo provenga de otra criatura como la que tengo a unos metros de mí. Sin embargo, al levantar la cabeza y alzar la vista hacia donde, se supone, debería estar el bicho, me encuentro de lleno con los ojos verdes de la chica otra vez. Giro la cabeza hacia delante, lentamente, y veo que el monstruo yace en el suelo, con un cuchillo clavado justo en la frente. Sin embargo, aun puedo ver cómo cierra y abre las manos, manteniendo los ojos muy abiertos.

-La guerra contra los Infectados, claro está. –Dice, y al instante alzo una ceja y me vuelvo hacia ella. –La guerra más inhumana y poco decorosa que se ha librado y se librará jamás.


Introducción y prólogo.

Bueno, tras mudarme de blog, y considerar que Blogger es mejor que Haztublog.com, decido ir posteando de nuevo todos los capítulos.

Prólogo.
Me despierto. No sé cuanto tiempo habré estado en este estado, de desmayo, vigilia y sueño. No sé cuanto tiempo me habré llevado soñando con cosas que ya han sucedido, pensando, despertándome, intentando levantarme y volviendo a caer sobre mis rodillas, como un peso muerto. Pero, finalmente, y tras ¿Horas?, creo que he conseguido mantenerme despierta más de dos minutos.

-Ugh… -Gruño muy bajo, casi imperceptiblemente, oyendo los latidos de mi propio corazón. Creo que estoy nerviosa, pero se van apaciguando lentamente a medida que me decido a abrir los ojos. Cuando la imagen por fin se va volviendo algo nítida, me doy cuenta de que estoy nada menos que en la cuneta de la carretera, en lo que parece ser un camino secundario de barro.

¿Cómo demonios he llegado aquí…? Vamos, haz memoria… ¿Qué es lo último que hiciste?
… Silencio. Eso es lo que parece responder mi mente, que se niega a darme los datos que necesito. Bueno… Supongo que será del shock que habré experimentado antes de caer en ese estado de ensoñación. Me apoyo sobre los antebrazos, y me doy cuenta de que las piernas me duelen a rabiar.

-Buf… Esto va a ser más complicado de lo que creía… Pero, ¿Qué hago hablando sola? Creo que me voy a volver loca. Bueno, al menos sé que soy una chica… O eso creo. –Me palpo el vientre, y subo hasta el pecho, pero estoy plana, apenas dos pequeños bultos son lo que podría delatar mi sexo. –Vaya… Muy agraciada no soy, desde luego.- Suspiro, y me siento, en posición budista. Echo un vistazo a mi alrededor, achicando los ojos, pues no veo muy bien de lejos. Comienzo a recabar información, y me doy cuenta de que estoy en lo que podría ser el comienzo de una especie de bosque. La carretera parece que está en muy mal estado, a juzgar por los agujeros y cráteres que logro entrever si me asomo desde la cuneta. Algo ha tenido que suceder, o estoy en una carretera que no se transita desde hace años.
Me pongo en pie, ayudándome de una rama larga que había en las inmediaciones.  Cierro los ojos ante el dolor punzante de mis piernas, pero pienso que si me rindo ahora, si vuelvo a caerme, no volveré a levantarme. Así que levanto lentamente el pie izquierdo, con sumo cuidado, y, poco a poco, voy desplazándome.

Bien, creo que lo primero es subirme a la carretera. Alzo la vista, y coloco mi mano izquierda sobre mi frente, pues el sol me da de lleno en la cara. La carretera debe de estar como a un metro de altura de donde me encuentro. Y, según la posición del Sol, debe de ser bien entrada la tarde. Miro instintivamente la muñeca de mi mano derecha, pero no encuentro ningún reloj de pulsera. Vaya… Este reflejo delata que me suelo poner el reloj en la derecha, en vez de la izquierda. Dejo de pensar en nimiedades, y me concentro en la cuneta. Podría seguir adelante por entre las hierbas, pero, ¿Y si la carretera no cambia de altura? Tengo que subir ahora, y así podré hacer autostop con más eficacia. Aunque… De momento ningún coche ha pasado por aquí en la media hora desde que me desperté. Debo de estar en una carretera más antigua de lo que pensaba. Me acerco lentamente al borde de la carretera, y alzo un brazo por encima de mí. Sí, llego al borde. Aprieto los dientes, y subo la rama a la carretera, sosteniéndome sobre mis piernas. Con un guiño de dolor, me aferro a la carretera y tiro hacia arriba, sin ayuda de los pies. Sin embargo, en mi ascenso, me percato de que es solo la pierna izquierda la que me duele horrores. La pierna derecha puedo moverla más o menos normalmente, aunque aún así me duele. Gracias a este descubrimiento, consigo subirme a la carretera sin mayores complicaciones.
Me incorporo, y desde esta altura, puedo echar un vistazo más prolongado del sitio en el que me encuentro. A mi izquierda, es decir, si continuo por la carretera, me internaré en una especie de bosque. A mi derecha, la carretera continúa hasta donde puedo ver, sobre la llanura. Decido internarme en el bosque, pues la llanura parece que tiene tramos de ascensión, y el estado de mi pierna no me parece el mejor para andar por ese terreno. Y el bosque no parece muy denso, así que con suerte solo tendré que estar ahí unos cuarenta y cinco minutos.

Tras mis cavilaciones, comienzo a andar, lentamente, a un ritmo casi desesperante, pero sin pausa.