Bueno, con un día de atraso, os traigo el capítulo 9, el preludio de toda la acción. Espero que lo disfruteis leyendo tanto como yo lo he disfrutado escribiendo =3
Capítulo 9.
[Inicio del fin].
El día transcurre muy rápido, pues todos estamos muy atareados
preparando el viaje a la ciudad. Según Espe, tardaremos un día y medio en
llegar hasta allí. Aunque claro, eso suponiendo que todo saliese bien, y que
ningún Infectado nos hiciese muy complicada la marcha. Yo paso las horas
ayudando a Jim a recolectar bayas y frutos del bosque, puesto que para la
expedición necesitaremos provisiones, y Espe no quiere gastar las que guardamos
en el Campamento.
Mientras paso la tarde después de comer con Jim, me va contando
cosas del Campamento, de las personas que ahora son como de mi familia. Aunque
ni siquiera sepa cuál es mi familia de verdad. O era.
-Oye, ni se te ocurra coger las bayas de color rosa, por muy
apetitosas que te parezcan. Son venenosas, y te tendrían un par de días en cama
con terribles retortijones. Y no querrás que pase eso. –Dijo, mientras se reía,
con una risa propia de un niño que aun no ha llegado a la adolescencia.
Le sonrío, y cojo una baya rosa chicle, al tiempo que se la lanzo.
Hace una mueca de fastidio, y la esquiva. Luego, los dos nos echamos a reír por
una tontería tan grande como ésta. Es la primera vez desde que estoy en el
Campamento, que me siento como una más, y no como una molestia.
Seguimos recogiendo bayas, frutas, y todo lo que vemos que es
comestible hasta que cae la tarde, y Espe viene a avisarnos de que es hora de
volver. Jim y yo volvemos al Campamento quince minutos más tarde, con cuatro
canastos en nuestras manos bien aprovisionados de comida. Cuando llegamos al
Campamento, se respira el ajetreo; Todos están enfrascados en las labores que
acarrea la visita a la ciudad: Redactar la lista de todos los materiales que
necesitamos, asegurarse de que hay munición y armas suficientes para combatir
cualquier riesgo que podamos correr, llevar las ropas más calidas que tengamos,
pues el frío ya empieza a notarse, etc.
Espe va de un lado para otro, vigilando y cerciorándose de que
todos están cumpliendo con su cometido, Tonn ha ido a intentar pescar algún pez
al río y ya está de vuelta, Alex se ha encargado de la limpieza y puesta a
punto de todas las armas y munición, Nei ha vigilado el Campamento durante todo
el día, pues Jim ha estado conmigo recogiendo frutos…
La tensión y la impaciencia se palpan cuando entramos en la Sala
de Reuniones después de haber dejado los canastos; Aun nadie se ha presentado
voluntario para el viaje de mañana, a excepción de Alex, claro está. Jim y yo
nos sentamos en la mesa redonda que preside la sala, y esperamos a que termine
de llegar el resto del Campamento. Pasan varios minutos hasta que la habitación
se va llenando, y finalmente, Espe cierra la puerta tras de sí con gesto
cansado.
Estamos todos sentados en círculo, expectantes, como un niño
esperando que su profesora le diga la nota de un examen en el que se juega el
todo o nada. Esta semejanza me hace sonreír para mis adentros. Tras varios
segundos en los que todo parece detenerse, Espe nos pide silencio, aun sabiendo
que no se oye ni un alma. Toma aire, y se dirige a nosotros con claro
cansancio.
-Bueno… Ya está tomada la decisión de ir a la ciudad a tomar
provisiones, ropa, y todo lo que veamos por allí que nos sea útil. Pero aún hay
un interrogante que debe ser respondido antes de mañana. ¿Quiénes serán los
afortunados de visitar mañana la ciudad? O, mejor dicho, la ciudad de los
malditos, pues con suerte los Infectados tan sólo habrán tomado las tres
cuartas partes de la ciudad. –Sonríe con ironía, y nos mira uno a uno, como
otras veces lo ha hecho.
-Yo voy, así que no tengo por qué estar aquí. –Alex se pone en
pie, y se dispone a abrir la puerta de salida. Pero una voz le detiene antes de
que pueda cruzar el umbral.
-Eh, Alex. Tú tienes que estar aquí igual que el resto, este es el
lugar idóneo para que tracemos un plan conjunto. –Tonn le mira fijamente,
aunque Alex está de espaldas a nosotros, con los dedos rozando el pomo de la
puerta.
-La última vez trazamos un plan conjunto, como tú dices, y lo
único que conseguimos, fue perder a cuatro de los nuestros. –Se gira, y tiene
un semblante muy serio, que hace que me encoja en mi asiento, temerosa de que
en cualquier momento vaya a saltarnos al cuello. –Y todo fue, porque las
personas, cuando se encuentran ante un peligro extremo, se limitan a pensar en
su propia supervivencia.
Tras estas palabras, achica los ojos, mirando directamente a Tonn.
Casi puedo sentir cómo se corta la respiración de la sala, y como aguijonea la
defensa de Tonn. Espe baja la mirada por primera vez desde que la conozco. Nei
se frota los ojos con el antebrazo, y Jim aprieta los puños mientras mantiene
la vista baja. Todos reaccionan con dolor, sintiendo el golpe de las palabras.
Palabras que yo no entiendo, y me hacen plantearme qué pudo pasar
en la anterior expedición. Según cuenta Alex, hubo una situación muy extrema, y
varios miembros del grupo… ¿Actuaron por su propio interés? No lo termino de
entender, y quiero más detalles. Pero no me atrevo a preguntar; El hecho de que
Espe se muestre así se abatida hace que me muerda la lengua.
Tras el efecto producido, abandona la habitación sin más miramientos.
En la sala se palpa la tristeza que ocasionan los recuerdos. Entonces, y antes
de que me de cuenta, Espe retoma la palabra.
-Visto lo visto, no me andaré con más dilaciones en lo que se
refiere a este tema. Somos nueve miembros en el campamento, por lo tanto, nos
dividiremos en dos grupos menores. El primer grupo será de cinco miembros, el
que viajará hasta la ciudad en busca de provisiones. El segundo grupo, de
cuatro miembros, se quedará aquí. Si no se presentan voluntarios, tendremos que
decidir los grupos recurriendo a la suerte. ¿Alguna pregunta? –Nos mira con
gesto interrogativo, y observo cómo Nei levanta tímidamente la mano. -¿Sí? –Le
pregunta.
-Yo… Quisiera saber… ¿Qué ocurrirá si no vuelve ningún miembro del
grupo que viaje? –Se acaricia el brazo, en un gesto de debilidad, y que también
interpreto como vergüenza. Espe lo medita unos instantes, y Tonn se toma la
libertad de responder.
-Nadie quiere que suceda eso, Nei. Pero… Para presumir hay que
sufrir, dicen, ¿No? –Se ríe, y al ver que nadie más le sigue el chiste,
prosigue más serio. –Quiero decir… No podemos ir allí sin estar mentalizados de
que corremos un riesgo muy grande. Pero, si lo conseguimos, los beneficios
serán enormes. Podremos pasar el invierno sin preocuparnos de nada, y es por
eso, precisamente, por lo que estoy dispuesto a ir. –Termina, girándose para
mirar a Espe directamente a los ojos. Sus rostros apenas están separados por
unos centímetros. Pero Espe se gira rápidamente y lo anota en una hoja blanca.
-Bien, pues entonces Tonn irá con el grupo uno a por provisiones. De
momento, tenemos de voluntarios a Alex y Tonn. ¿Alguien más?
Nadie responde. Nadie se mueve un ápice en su asiento, y Espe
traga saliva, a medida que su rostro se va endureciendo. Tras varios minutos,
en los que me debato internamente acerca de si debería o no ofrecerme, Espe
procede a sacar una baraja de cartas. Extrae siete cartas, y se las da a Tonn.
-Como nadie más se ofrece, tendremos que echarlo a suertes. Hay
tres cartas exactamente iguales en esta baraja, y lo usaremos para decidir
quiénes irán con el grupo uno. Todo aquel que le toque el comodín, también
llamado Joker, irá a la ciudad. El resto se quedará en el Campamento. –Le da un
codazo a Tonn, y éste empieza a barajar con parsimonia, como si fuera un
experto jugador de Póker. Finalmente, empieza a repartir cartas en el orden
inverso a las agujas del reloj. Comienza por el chico que votó en contra de la
propuesta de ir a la ciudad, y acaba por Espe.
Transcurren cinco segundos, y yo rezo a la suerte para que mi
carta no tenga impresa un Joker.
Todos le damos la vuelta a nuestras cartas a la vez, y, cuando veo
el dibujo que hay en la mía, me quedo pegada a mi asiento. Sin querer creer lo
que estoy viendo. El Joker está dibujado en mi carta, burlón, desafiante.
Riéndose de mí y de mi suerte.
Me quedo contemplando la
carta. Tras varios segundos, Nei alza la vista, y da la vuelta a su carta. El
mismo Joker burlón nos mira a todos. Seguidamente, el chico que propuso ir,
también da la vuelta a su carta, con el mismo resultado. Descarto la idea de
que Jim quiera cambiarme su carta, y le doy la vuelta a la mía. Espe me
escudriña con sus ojos, esperando mi reacción. Una reacción que no llega, pues
la adrenalina recorre todo mi cuerpo.
-Bien. Pues entonces ya están decididos oficialmente los dos
grupos. Hago un repaso general. Grupo Uno: Nei, Tonn, Alex, Rober y tú. –Señala
en mi dirección. –Hoy tenéis que llenar las mochilas de comida y agua, pues el
viaje será de un día y medio, como mucho. Pero no vayáis a llenarlas mucho,
pues en caso de huída podrían ser un estorbo. –Espe se pone en pie, al tiempo
que mete la mano en el bolsillo de su cazadora, e intuyo que va a fumar. Se da
la vuelta, y, antes de irse, alza la voz, que noto quebrada. –Confío en
vosotros… De esto depende que sobrevivamos a este invierno.
Finalmente, se gira, y desaparece tras la puerta, en la que tan
sólo se intuyen formas, debido a la oscuridad de la noche.
Nos quedamos todos en silencio, oyendo el eco del viento que se
cuela por la ventana entreabierta. Jim se levanta, y Nei con él. Ambos se
despiden, alegando que van a preparar la bolsa de Nei, pues Jim sabe dónde está
cada una de las distintas provisiones. Los dos chicos se ponen en pie, y se van
sin despedirse siquiera. El chico que está en el mismo grupo que yo muestra
claro abatimiento, y cierra la puerta tras de sí lentamente, temiendo no volver
a esta sala.
Sólo quedamos Tonn y yo en la sala. Tras un suspiro, éste se
levanta de su silla.
-¿Vienes, o qué? –Me pregunta, y me sobresalta; No esperaba que
fuese a invitarme a preparar mi bolsa con él.
Me pongo en pie yo también, y le echo un último vistazo a la
habitación. Como la otra vez que estuve aquí, me parece que tiene muchísimos
años, más de los que creemos. Suspiro, y sigo a Tonn hasta fuera, dónde me
conduce hasta un cuartucho antiguo, lleno de trastos. Huelo a pólvora al
entrar, y echo un vistazo al interior. El olor proviene de un grupo de sacos,
que se amontonan en una de las esquinas, esperando ser usados. Tonn me tiende
una bolsa raída, y deduzco que llevará muchos años en desuso. La cojo, y una
nube de polvo hace que me doble en dos por la tos.
Tonn se ríe al verme así, y cuando me recompongo, agita un libro
viejo, produciendo aún más polvo.
-¿¡Pero tú quieres matarme!? –Le espeto, al tiempo que no puedo
parar de toser. Él se ríe más, y alza las manos, en gesto de paz.
-No, pero es divertido. Desde que has llegado aquí has estado muy
seria, y eso no mola. Además, mañana vamos a la ciudad, y allí sí que no
podremos tener un segundo de risas. –Alega, mientras yo me recompongo.
-¿Ves divertido que me de un ataque de tos? –Le respondo, con el
ceño fruncido, sin poder reprimir una sonrisa.
-Sí. Bueno, no, en realidad es divertido ver cómo te enfadas. –Sonríe,
y sale fuera del cuarto. Al segundo asoma la cabeza por la abertura de la
puerta, y me insta a que vaya, o, si lo prefiero, me quede con las arañas y el
polvo. Le sigo hasta la cocina, aunque más bien, se asemeja a un almacén, con
un horno y una pequeña encimera.
Tonn comienza a hurgar en un cajón, y va sacando pequeños
saquitos, que yo identifico como barritas energéticas. Luego, saca de un almacén
varias botellas de agua, y algunos recipientes, que, cuando los veo bien, son
comida pre-cocinada.
* * * * * * * *
¿Quién es ese chico? ¿Qué hacía ahí, tirado en medio de la calle? ¿Por
qué no se defendía cuando los Infectados le acorralaron?
No lo sé, pero ahora mismo solo puedo pensar en sobrevivir yo
misma. Tal y como Alex presagió, en un momento como este, no me preocupo de
nadie más que de mí misma. Aunque suene egoísta. Estoy a punto de llegar a la
escalera de mano. Unos metros por encima del suelo, y estaré a salvo; Los
Infectados no son tan hábiles como para subir por una escalera. Agarro el
pasamano de la escalera, y pongo un pie en el primer peldaño.
Pero entonces miro hacia atrás. No sé muy bien por qué, pero lo
hago. Y lo que veo hace que se me encoja el alma, hasta sentirme miserable.
Nei tiene la cara cubierta de lágrimas, y Tonn se debate a tiros
desde arriba de un autobús con los Infectados. Alex dispara desde lejos a los
Infectados que rodean a Nei, en vano.
Son demasiados.
Sin pensarlo, suelo la escalerilla, y desenfundo mi pistola. Tan
solo me quedan siete balas, y es probable que desde aquí no acierte a ninguno. Pero
no podría cargar con la culpa de haberles dejado solos, si conseguimos volver
al Campamento. Es un motivo egoísta, pero así es como soy.
Agarro la pistola con la mano izquierda, y echo a correr hacia el
atasco de coches que se encuentra en el centro de la calle.
Disparo, y el Infectado que estaba a punto de agarrar a Nei se
queda sin parte del cráneo, cayendo al suelo.
Seis balas.
[FIN DEL CAPÍTULO 9].
Un día más... El Sol salió.
Guaaauuuu! El formato blogspot te ha animado a escribir, porque el capítulo 9 está bestiaaal! Espero que no te importe que ponga el enlace de tu blog en el mío, para que quien entre en Jugando a ser Dios, vea el tuyo tambieen... Si tienes algun inconveniente me lo haces saber por el medio que quieras ;)
ResponderEliminarMuchas gracias Dana. Sí, me he animado, este formato tiene muchisimas más opciones de personalización y todo el rollo. Y además este capitulo lo he escrito tranquilamente y día a día, por lo que el resultado ha sido mucho mejor, gracias.
ResponderEliminarPor mi perfecto, yo también pondré el enlace del tuyo
Nos leemos :3