jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 1.

Bueno, el capítulo debería haberlo subido mañana, pero varias personas me han pedido que lo suba ya, así que... ¿Por qué no?. Aquí lo tenéis.
Capítulo 1.
Cuando por fin llego al final del bosque, me quedo petrificada en mi sitio. Ante mí se alza una valla enorme, de cinco metros de altura. Aunque es de hierro y está oxidada, alzo la vista, y puedo ver que hay una alambrada arriba, y que la valla termina en punta. ¿Y ahora qué? Genial, por culpa de mi vaguería he estado andando una hora por este bosque, en vez de haber caminado por la llanura, y haber llegado a algún lugar normal.

Me doy la vuelta, suspirando apesadumbrada, cuando un leve siseo llega a mis oídos. El siseo se va convirtiendo lentamente en un ruido molesto, y miro a mi alrededor buscando el causante. Antes de que pueda darme cuenta, alguien salta sobre mí y me hace rodar por los suelos, haciendo que mi pierna izquierda, (Y yo misma) se queje de dolor. Cuando la ¿Persona? Que ha caído sobre mí, y yo, terminamos de rodar, me quedo boca arriba, mirando el cielo invadido por los arbolillos del bosque. Me siento, y puedo contemplar a la chica de mi derecha, que se ha apresurado a ponerse en pie, y está escrutando el bosque, con evidente señal de alarma. Alzo una ceja, y suspiro de nuevo, pensando que ojalá me despertase de una vez de este estúpido sueño.

-Oye, tú, ¿Piensas quedarte ahí toda la mañana? –Me dice la chica, analizándome de arriba abajo, mientras le miro con evidente ironía.

-Claro, no tengo otra cosa mejor que hacer. –Digo mientras me vuelvo a recostar en el frío suelo del bosque.

-…Desde luego, sois todos iguales. Todos los nuevos que venís aquí os creéis que vais a ganar esta guerra vosotros solos.

Se me hiela el corazón. ¿Qué guerra?

-¿Qué guerra? –Le pregunto, a medida que noto cómo los latidos del corazón van volviéndose más rápidos.

-Hmpf… -La chica se gira, y sigue escrutando el bosque, buscando algo, mientras yo me incorporo y me sitúo detrás de ella. -¿Qué guerra? -Vuelvo a preguntarle, al tiempo que la pierna acentúa sus punzadas.
La chica se gira de repente, quedando frente a frente conmigo. Le reto con la mirada, escrutándola, percatándome de que apenas puede tener un par de años más que yo. Diecisiete, tal vez, dieciocho a lo sumo. Supongo que ella también me estará analizando, y en el breve momento en el que nuestras miradas se escrutan, me fijo en sus ojos verdes esmeralda, profundos, decididos, directos. Carraspeo un poco, y finalmente decido apartar yo primera la vista, perdiendo el duelo de miradas.


-Je… -La oigo reírse a mis espaldas, con un claro deje de victoria en su voz. Reprimo los impulsos infantiles de girarme otra vez y volver a retarle, y, cuando voy a recoger mi rama del suelo y volver a la carretera, oigo el zumbido otra vez. Pero en esta ocasión es muy profundo, casi diría que agónico.

Sin tiempo de intentar averiguar de dónde procede, noto a una criatura moviéndose a mi derecha, la miro por el rabillo del ojo, y abro la boca ante la horrible visión que me ha producido. Abro los ojos completamente y una sensación de alarma se apodera de mí, al tiempo que la rama se me cae al suelo, hago ademán de retroceder. La criatura abre la boca, de la que cuelga un hilo de babas que me produce un escalofrío de asco. Levanta lentamente un brazo, y, antes de que pueda reaccionar siquiera, hace un movimiento rápido que me araña buena parte del hombro.
Exclamo un grito de dolor, en el mismo instante en que la sangre comienza a salir de la herida. Reacciono por fin, y retrocedo varios pasos hacia atrás, al tiempo que busco ayuda, a la chica que hasta hace unos segundos estaba aquí.
Pero no hay nadie. Dejándonos a un lado a la criatura asquerosa y a mi, por supuesto. Miro al suelo, buscando algún objeto punzante, o algo con lo que intentar defenderme de esta especie de monstruo. Encuentro entre la maleza la rama que he usado para apoyarme durante todo el camino, y, cuando voy a cogerla, escucho un siseo proveniente de detrás de mí.
Me tiro al suelo, rodando de lado, aun a riesgo de que mi pierna sufra las consecuencias, pues es muy probable que el siseo provenga de otra criatura como la que tengo a unos metros de mí. Sin embargo, al levantar la cabeza y alzar la vista hacia donde, se supone, debería estar el bicho, me encuentro de lleno con los ojos verdes de la chica otra vez. Giro la cabeza hacia delante, lentamente, y veo que el monstruo yace en el suelo, con un cuchillo clavado justo en la frente. Sin embargo, aun puedo ver cómo cierra y abre las manos, manteniendo los ojos muy abiertos.

-La guerra contra los Infectados, claro está. –Dice, y al instante alzo una ceja y me vuelvo hacia ella. –La guerra más inhumana y poco decorosa que se ha librado y se librará jamás.


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