jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 3.

Bueno, siento la espera, pero estos días no he tenido tiempo para escribir. Y repasar las faltas, preparar la sopresa del capítulo 4... Cansa bastante xDD Bueno, aquí tenéis, y una vez más, gracias por leerme.



Capítulo 3.
Espe posa su mano sobre mi hombro, haciendo que me sobresalte, pues estaba contemplando ensimismada las puertas, las rejas metálicas que se alzan ante mí. Me giro hacia ella, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo el campamento.

-Oye… Creo que deberías decirme cómo te llamas, antes de entrar ahí. –Me pregunta, con evidente curiosidad.

-Verás… El caso es que… -Comienzo a decir, sin encontrar las palabras exactas, sin saber cómo decirle que no sé cómo me llamo, quién soy…, Que ni siquiera soy capaz de decirle mi edad exacta.
En ese preciso instante, una voz grave proveniente de detrás de mi hace que me gire bruscamente.

-Oye, Espe, ¿Qué haces aún detrás de la reja? Creo que ya es hora de que vuelvas, se está haciendo tarde, y, una chica como tú, sin un macho alfa como yo, corre el riesgo de que algún Infectado le de un mordisquito.

Observo al chico que hay apostado detrás de la verja, apoyado contra la misma. Apenas está a un metro y medio de nosotras, y ni siquiera me he percatado de cuándo ha llegado. Mide cerca del metro ochenta y cinco, y tiene los ojos de un color café, pero no de un tono oscuro, ni claro como el café con leche, sino como ese café que ya lleva un rato encima de la mesa, pero que no acaba de clarearse.

-Anda, cállate, no estoy fuera del campamento por gusto. Me tocaba vigilar hoy a mí. Al que le gusta el bosque y subirse a los árboles es a ti, querido. –Espe hace un mohín, riéndose levemente, mientras el chico esboza una mueca de fastidio y se da la vuelta.

-¿Y esta chica…? ¿Quién se supone que es? –El chico formula la pregunta a media voz, sin volver a girarse, al tiempo que se acerca a uno de los muros, en el que hay una puerta de madera. Entra, y a los dos minutos vuelve a salir, con un manojo de llaves en la mano.
Mientras comienza a abrir las puertas de la reja, yo pienso rápidamente en qué responder, pues, por lo que se ve, Espe no tiene intención de responder por mí.
Sin embargo, y justo cuando asumo que voy a  tener que decirles la verdad, aun a riesgo de que no quieran hacerse cargo de alguien que ni siquiera sabe qué número de pie calza, Espe me lanza una mirada fugaz, a la vez que alza la voz cuando el chico se acerca a nosotras.

-Oye, Tonn, creo que deberías haber cogido las otras llaves, esas están muy gastadas y puede que la reja no ceda. Es más, podrías romper la llave, y, como se quede dentro, no vamos a poder abrir la puerta.

-Siempre le pones pegas a todo lo que hago, déjame por una vez. –Seguidamente, introduce la llave en la cerradura, y, tras varios gestos y giros de muñeca, la verja cede con un crujido.

El chico esboza una sonrisa victoriosa, y mira a Espe, como reprochándole que le lleve la contraria.

-Tú siempre tan idiota. –Espe entra sonriendo en el campamento, y el llamado Tonn vuelve a entrar en el cuartito, dejando las llaves dentro.

Cuando por fin me decido a dar el primer paso, respiro hondo y traspaso la puerta, con cuidado de no quedarme rezagada, pues Espe va unos cuantos metros por delante de mí. Tonn anda a paso lento detrás de mí, mirando hacia el suelo. Cuando voy a comenzar a andar más deprisa, escucho su voz, en tono de reproche.

-¿Qué te ha pasado en la pierna?

Siento una punzada en el estómago, e inmediatamente comienzo a buscar una respuesta. ¿Qué le digo? ¿Me caí de un árbol? ¿Me atropelló un coche? No, no creo que haya muchos coches, teniendo en cuenta que estamos en medio de la nada. Finalmente, opto por decirle la verdad.

-No lo sé. Sinceramente, ni siquiera sé a ciencia cierta quién soy. Lo único que recuerdo, es que me quedé inconsciente en la carretera que está por allí. –Señalo hacia el bosque, donde antes sucedió la pequeña escaramuza con el Infectado.
Espero su reacción, pero se limita a encogerse de hombros, como si no tuviese mucha importancia. Alzo una ceja, y se acerca hasta caminar a mi lado.

-¿Sabes? Creo que no importa. Creo que no importa lo que hicieses antes, porque todo eso se ha acabado. –Alza la vista, y me mira directamente a los ojos. Contemplo sus facciones, y me percato de que apenas puede tener 3 años más que yo. –Creo que lo único que podemos hacer ahora, es luchar por tener una nueva vida, un futuro más allá de este campamento.

Medito sus palabras en silencio. ¿Y si tiene razón? Tal vez no importa lo que pasó antes, tal vez tengo que hacerme a la idea de que lo primordial ahora es la supervivencia… Pero no. ¿A quién quiero engañar? Quiero saber quién soy, quiénes son mi familia, cómo era mi vida antes…
Y, en medio de tanta bruma de pensamientos, consigo entrever uno que se impone sobre los demás; Un objetivo. Hay algo que me mueve a querer recuperar los pensamientos, los recuerdos. En este instante, me hago la firme promesa de que algún día sabré llegar a lo más hondo de mi mente para recuperar todo eso.
Me giro y le sonrío. No se muy bien por qué, pero sus palabras me han tranquilizado un poco; Al menos no van a estar pendientes de mi pasado.

-Uhm… -Carraspeo, y Espe se gira. –Espe, ¿Aquí acogéis a todo el que viene como yo? ¿O solo es un sitio provisional…?

Lo medita unos instantes, y luego responde. –Es que aquí no viene mucha gente, chica. Que yo sepa, tú eres la segunda que viene desde que la Guerra empezó. –Ante mi cara de confusión, se explica. –Los pocos supervivientes de la zona nos reunimos cuando las lluvias acabaron. Como mucho, quedarán un par de personas más por venir, si es que no se las arreglan solos. O si no han sido devorados por los Infectados.

Tras sus últimas palabras, bajo la vista. Eso me ha llegado. Por primera vez desde que me he despertado, creo que soy consciente por fin del peligro en el que me veo involucrada. De la realidad en la que viviré a partir de ahora.

Y, como si de magia negra se tratase, como si un viento huracanado comenzase a soplar, comienzo a escuchar un pitido en mis oídos. Miro a Tonn, que está a mi lado, que a su vez mira con expresión grave a Espe. Ésta tiene los ojos muy abiertos, y mira al cielo, a la vez que achica los ojos.
Sigo su mirada con la vista, y comprendo qué es lo que observa; Una torre se alza sobre nosotros, y un chaval que está apostado arriba hace sonar repetidas veces una especie de campana.

En ese instante, Tonn me agarra del brazo, y me mira directamente a los ojos.

-Siento tener que decirte esto, chica, pero… Es tu primer día, y ya vas a arriesgarte a morir a manos de los Infectados. ¿Estás con nosotros, o no? –Me pregunta, con urgencia.

No dudo al responder.

-Estoy con vosotros. –Un sonido metálico me sorprende, y, al girarme, comprendo de dónde viene; La valla metálica está siendo golpeada por decenas de Infectados, que cuelan sus mugrientos brazos entre los barrotes, queriéndonos llevar al mismísimo Infierno.

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