Capítulo 3.
Espe
posa su mano sobre mi hombro, haciendo que me sobresalte, pues estaba
contemplando ensimismada las puertas, las rejas metálicas que se alzan ante mí.
Me giro hacia ella, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo el campamento.
-Oye…
Creo que deberías decirme cómo te llamas, antes de entrar ahí. –Me pregunta,
con evidente curiosidad.
-Verás…
El caso es que… -Comienzo a decir, sin encontrar las palabras exactas, sin
saber cómo decirle que no sé cómo me llamo, quién soy…, Que ni siquiera soy
capaz de decirle mi edad exacta.
En ese
preciso instante, una voz grave proveniente de detrás de mi hace que me gire
bruscamente.
-Oye,
Espe, ¿Qué haces aún detrás de la reja? Creo que ya es hora de que vuelvas, se
está haciendo tarde, y, una chica como tú, sin un macho alfa como yo, corre el riesgo
de que algún Infectado le de un mordisquito.
Observo
al chico que hay apostado detrás de la verja, apoyado contra la misma. Apenas
está a un metro y medio de nosotras, y ni siquiera me he percatado de cuándo ha
llegado. Mide cerca del metro ochenta y cinco, y tiene los ojos de un color café,
pero no de un tono oscuro, ni claro como el café con leche, sino como ese café
que ya lleva un rato encima de la mesa, pero que no acaba de clarearse.
-Anda,
cállate, no estoy fuera del campamento por gusto. Me tocaba vigilar hoy a mí.
Al que le gusta el bosque y subirse a los árboles es a ti, querido. –Espe hace un
mohín, riéndose levemente, mientras el chico esboza una mueca de fastidio y se
da la vuelta.
-¿Y
esta chica…? ¿Quién se supone que es? –El chico formula la pregunta a media
voz, sin volver a girarse, al tiempo que se acerca a uno de los muros, en el
que hay una puerta de madera. Entra, y a los dos minutos vuelve a salir, con un
manojo de llaves en la mano.
Mientras
comienza a abrir las puertas de la reja, yo pienso rápidamente en qué
responder, pues, por lo que se ve, Espe no tiene intención de responder por mí.
Sin
embargo, y justo cuando asumo que voy a
tener que decirles la verdad, aun a riesgo de que no quieran hacerse
cargo de alguien que ni siquiera sabe qué número de pie calza, Espe me lanza
una mirada fugaz, a la vez que alza la voz cuando el chico se acerca a
nosotras.
-Oye,
Tonn, creo que deberías haber cogido las otras llaves, esas están muy gastadas
y puede que la reja no ceda. Es más, podrías romper la llave, y, como se quede
dentro, no vamos a poder abrir la puerta.
-Siempre
le pones pegas a todo lo que hago, déjame por una vez. –Seguidamente, introduce
la llave en la cerradura, y, tras varios gestos y giros de muñeca, la verja
cede con un crujido.
El
chico esboza una sonrisa victoriosa, y mira a Espe, como reprochándole que le
lleve la contraria.
-Tú
siempre tan idiota. –Espe entra sonriendo en el campamento, y el llamado Tonn
vuelve a entrar en el cuartito, dejando las llaves dentro.
Cuando
por fin me decido a dar el primer paso, respiro hondo y traspaso la puerta, con
cuidado de no quedarme rezagada, pues Espe va unos cuantos metros por delante
de mí. Tonn anda a paso lento detrás de mí, mirando hacia el suelo. Cuando voy
a comenzar a andar más deprisa, escucho su voz, en tono de reproche.
-¿Qué
te ha pasado en la pierna?
Siento
una punzada en el estómago, e inmediatamente comienzo a buscar una respuesta.
¿Qué le digo? ¿Me caí de un árbol? ¿Me atropelló un coche? No, no creo que haya
muchos coches, teniendo en cuenta que estamos en medio de la nada. Finalmente,
opto por decirle la verdad.
-No lo
sé. Sinceramente, ni siquiera sé a ciencia cierta quién soy. Lo único que
recuerdo, es que me quedé inconsciente en la carretera que está por allí.
–Señalo hacia el bosque, donde antes sucedió la pequeña escaramuza con el
Infectado.
Espero
su reacción, pero se limita a encogerse de hombros, como si no tuviese mucha
importancia. Alzo una ceja, y se acerca hasta caminar a mi lado.
-¿Sabes?
Creo que no importa. Creo que no importa lo que hicieses antes, porque todo eso
se ha acabado. –Alza la vista, y me mira directamente a los ojos. Contemplo sus
facciones, y me percato de que apenas puede tener 3 años más que yo. –Creo que
lo único que podemos hacer ahora, es luchar por tener una nueva vida, un futuro
más allá de este campamento.
Medito
sus palabras en silencio. ¿Y si tiene razón? Tal vez no importa lo que pasó
antes, tal vez tengo que hacerme a la idea de que lo primordial ahora es la
supervivencia… Pero no. ¿A quién quiero engañar? Quiero saber quién soy,
quiénes son mi familia, cómo era mi vida antes…
Y, en
medio de tanta bruma de pensamientos, consigo entrever uno que se impone sobre
los demás; Un objetivo. Hay algo que me mueve a querer recuperar los
pensamientos, los recuerdos. En este instante, me hago la firme promesa de que
algún día sabré llegar a lo más hondo de mi mente para recuperar todo eso.
Me
giro y le sonrío. No se muy bien por qué, pero sus palabras me han
tranquilizado un poco; Al menos no van a estar pendientes de mi pasado.
-Uhm…
-Carraspeo, y Espe se gira. –Espe, ¿Aquí acogéis a todo el que viene como yo?
¿O solo es un sitio provisional…?
Lo
medita unos instantes, y luego responde. –Es que aquí no viene mucha gente,
chica. Que yo sepa, tú eres la segunda que viene desde que la Guerra empezó.
–Ante mi cara de confusión, se explica. –Los pocos supervivientes de la zona
nos reunimos cuando las lluvias acabaron. Como mucho, quedarán un par de
personas más por venir, si es que no se las arreglan solos. O si no han sido
devorados por los Infectados.
Tras
sus últimas palabras, bajo la vista. Eso me ha llegado. Por primera vez desde
que me he despertado, creo que soy consciente por fin del peligro en el que me
veo involucrada. De la realidad en la que viviré a partir de ahora.
Y,
como si de magia negra se tratase, como si un viento huracanado comenzase a
soplar, comienzo a escuchar un pitido en mis oídos. Miro a Tonn, que está a mi
lado, que a su vez mira con expresión grave a Espe. Ésta tiene los ojos muy
abiertos, y mira al cielo, a la vez que achica los ojos.
Sigo
su mirada con la vista, y comprendo qué es lo que observa; Una torre se alza
sobre nosotros, y un chaval que está apostado arriba hace sonar repetidas veces
una especie de campana.
En ese
instante, Tonn me agarra del brazo, y me mira directamente a los ojos.
-Siento
tener que decirte esto, chica, pero… Es tu primer día, y ya vas a arriesgarte a
morir a manos de los Infectados. ¿Estás con nosotros, o no? –Me pregunta, con
urgencia.
No
dudo al responder.
-Estoy
con vosotros. –Un sonido metálico me sorprende, y, al girarme, comprendo de
dónde viene; La valla metálica está siendo golpeada por decenas de Infectados,
que cuelan sus mugrientos brazos entre los barrotes, queriéndonos llevar al
mismísimo Infierno.
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