jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 5.


Capítulo 5.
Cuando despierto, no logro ubicarme. Me encuentro tumbada boca arriba en una cama maltrecha, en una sala con paredes de madera, levemente carcomidas por el moho y las termitas. Me incorporo, quedando sentada, pero un dolor punzante en el costado y en el oído izquierdo hace que me vuelva a tumbar, conteniendo la respiración. Durante un segundo me mareo, pero al instante vuelvo a abrir los ojos.
Compruebo que solo estoy yo en la sala, e inspecciono la habitación. Es un habitáculo pequeño, en el que hay apenas otras tres camas como la mía. La puerta está al fondo, semiabierta. Deduzco que debe de tratarse de la enfermería del campamento, pues en una pequeña mesita reposa un maletín de primeros auxilios. Una leve brisa me revuelve el pelo, y me da en las mejillas, tranquilizándome un poco. Observo a mi alrededor, y veo que a la derecha hay una ventana con los cristales rotos.
Justo en ese momento, la puerta emite un crujido, y seguidamente se abre, captando mi atención. Veo que es Jim, y me relajo, entrecerrando los ojos.

-Hey. –Me saluda, alzando una mano, al tiempo que acerca un taburete de madera, que estaba situado a unos metros, en una de las camas cercanas a la puerta. -¿Cómo te encuentras? Llevas durmiendo tres horas desde que te dejamos aquí.  –Mientras habla, observo que hace numerosos gestos y muecas.

-Pues… El costado me da punzadas, y el oído… Creo que he perdido audición por el oído izquierdo. –Le respondo, a la par que me siento, comprobando que el dolor del costado va menguando lentamente. En ese momento, me viene a la mente el plan, Jim sobrevolando la estaca en la que estaba atado Tonn, y yo misma haciendo volar por los aires toda la munición. -¿Qué pasó después de… La explosión? –Le pregunto, intentando recordar.

-El plan salió bien. Muy bien, diría yo, aunque Espe tuvo reservas a la hora de aceptar que habíamos acabado con casi todos los Infectados. Pero yo solo soy ahora un mensajero, será mejor que vengas a la Sala de Reuniones, allí podremos hablarlo todos, y, de paso, comemos algo, que seguro que estás hambrienta.

Ahora que lo dice, la verdad es que no tengo hambre. Es más, ni siquiera se me había pasado por la cabeza la idea de comer, pese a que ya está anocheciendo. Ha sido un día largo y agotador, y yo ni siquiera tengo hambre.

* * * * * *
Mientras vamos caminando por el campamento, le echo un vistazo a todas las casetas que hay montadas. Tienen un aspecto muy antiguo, como… Como si llevasen aquí muchísimos años, antes siquiera de que se refugiasen los supervivientes de la Inundación. Giramos a la derecha, y he podido comprobar que había una caseta más como en la que yo he estado durmiendo. Tal vez no sea una enfermería, si no una especie de salita para pasar la noche.

Finalmente, llegamos a la que, supongo, será la Sala de Reunión. Es circular, con las paredes de madera, aunque no se encuentra en tan mal estado como el resto de casetas. Justo detrás de nosotros, hay otro gran habitáculo, aunque este es en forma rectangular.
Esta vez, en las torretas, no hay nadie vigilando.
Jim abre una pequeña portezuela, y me deja pasar primero. Le doy las gracias con un gesto de la cabeza, y paso dentro, mirando el interior de la estancia. Tiene una mesa circular, con numerosas sillas alrededor, en las cuales están sentados la mayoría de los presentes, exceptuando a Tonn y a Espe, que están hablando cerca de una ventana.

Espe me hace un gesto con la cabeza, saludándome, y Tonn alza la mano, con una mirada un tanto fría. A continuación, inspecciono toda la sala, acercándome a una cómoda que está situada cerca de una de las ventanas. Paso el dedo por encima de la madera, quedándose así manchado del polvo acumulado. Cada vez estoy más convencida de que este sitio tiene muchos más años de los que creía cuando llegué.
Jim me mira, y logro entender que debo tomar asiento. Me acerco a la mesa circular, y acerco una silla, sentándome entre la chica de los prismáticos y Jim. Observo la mesa; Tiene bastantes astillas, pero aun así, es preciosa. Un grabado circular de colores vivos está dibujado en su superficie, en la que se entrelazan numerosas cintas de diversos colores. Contrasta completamente con el resto del campamento, el cual apenas destacan un gris apagado o un marrón clarito.
 A la vez que yo me siento, el resto de personas en la habitación se van acercando lentamente a la mesa, tomando asiento y charlando los unos con los otros. Los últimos rezagados son Tonn y Espe, que se sientan en sillas opuestas.
Comienzo a ponerme nerviosa, y a observar a todas personas de la habitación. Hay una docena reunidos alrededor de la mesa, sin contarme a mí. Reconozco a Espe, a Jim, a Tonn, al chico de la herida en el brazo, -La cual tiene vendada fuertemente-, y a la chica de los prismáticos, la cual está sentada a mi derecha. El resto de personas son 5 chicos y 2 chicas, que están hablando en un tono de voz muy bajo.
Entonces, Espe pide silencio con una sonora palmada en la mesa, y todos enmudecen. Nos quedamos mirándola, esperando que comience a hablar. Lo medita unos instantes, y finalmente comienza:
 -He convocado esta reunión porque hoy se decidirá quiénes son verdaderamente parte del Campamento. –Tras estas palabras, todos expresamos gestos de confusión, y ella prosigue.
-Pero de eso hablaremos más tarde, lo que viene al caso ahora mismo es la misión de hoy, gracias a la cual, hemos podido echar del campamento a los Infectados, aunque no sabemos a ciencia cierta durante cuánto tiempo. Hay miles, diría que millones de Infectados ahí afuera, dispuestos a arrancarse los brazos mutuamente por un pedazo de nuestra carne. Y creo, que no hemos visto la que se nos venía encima hasta hoy. Creo que no nos hemos percatado de todo esto hasta hoy, me incluyo a mí misma.
 Por fin. A ver si me explican de una vez qué sucedió mientras yo dormía. Intento relajarme en mi silla, pero es muy incómoda, y la madera es demasiado antigua. Espe continúa hablando.

-Bueno, voy a proceder a hacer un resumen para los que no están del todo enterados de en qué consistía el plan. –Dice esto mirándome a mí, y sé que debo prestar atención.
** Cinco horas antes **
Cuando termino de presentarme con Jim, vuelvo a apoyarme en la pared del almacén, pensando en una solución rápida y eficaz para quitarnos de un plumazo a los Infectados de las cercanías del Campamento. Mientras, Jim y Espe hablan de algo referente a los turnos de vigilancia.
 -Sí, hoy me tocaba a mí, Jim. ¿No ves que hace dos días te tocó a ti? –Espe mete la mano en su cazadora, y saca un paquete de cigarros, al tiempo que saca un mechero del otro bolsillo.
 -Ya lo se, Espe, pero como dijiste que tú hoy querías vigilar las reservas del almacén y eso… Además, la munición es peligrosa, y yo soy un novato aun. –Jim se sofoca mientras dice estas palabras, al tiempo que mira en dirección al almacén.
 Entonces, un pensamiento, una idea va abriéndose paso por mi cabeza, hasta que la formulo con mi voz.
 -¿Munición? ¿Explosivos? –Le pregunto a Espe, separándome de la pared y mostrando interés.
 -Sí, cuando llegamos al Campamento había una gran reserva de explosivos, pólvora y armas en los almacenes, así que lo reunimos en uno solo, que está constantemente vigilado. –Espe alza una ceja, y seguidamente vuelve a hablar. -¿Por qué tanto interés ahora, de repente?
 -Porque… Se me ha ocurrido una idea. Es muy arriesgada, pero creo que puede funcionar si todos nos sincronizamos bien. –Al ver sus rostros inquisitivos, continúo. –Podríamos atraerlos. Pero no me refiero a atraerlos aquí, si no a un punto concreto en el campamento. Pero claro, en ese punto podría haber una especie de trampa previamente preparada por nosotros, y, como habéis nombrado los explosivos y la pólvora… Podríamos crear una explosión en cadena, cuando se reuniesen en torno al cebo, y… Bum. Infectados por los aires a tutiplén. ¿Qué os parece? El problema sería el cebo… Porque no creo que nadie esté dispuesto a ofrecerse voluntario.
 Tras mi idea, Espe lo medita unos segundos, y veo la cara de aprobación de Jim.
 -Ey, yo creo que podría funcionar si lo hacemos bien. –Espe asiente lentamente, y sé que he aportado algo de utilidad.
 Entonces, limpiamente, Jim coge cuatro ramitas del suelo, y las mezcla, cogiéndolas con el puño cerrado, de forma que no se vea cuál es la más larga.
 -Coged una ramita, el que saque la rama más larga, deberá hacer de cebo. –Tras sus palabras, Espe es la primera en elegir, le sigue Tonn, luego yo, y, finalmente, Jim se queda con la última.
 Comparamos las respectivas ramitas, y, con un gruñido de resignación, Tonn suspira.
 -Cómo no, debería haberme ofrecido voluntario y acabábamos antes. –Jim se ríe, y Espe esboza una sonrisa, que se le borra de la cara al segundo.
 -Jim, avisa a Alex y explícale el plan. Tonn, ayúdame a sacar toda la munición del almacén, y tú, -Dice señalándome- ve preparando el círculo de pólvora en el centro del campamento. Tenemos que actuar rápido, o de lo contrario los Infectados acabarán rompiendo la verja.
Fin del capítulo 5.

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