Capítulo 5.
Cuando
despierto, no logro ubicarme. Me encuentro tumbada boca arriba en una cama
maltrecha, en una sala con paredes de madera, levemente carcomidas por el moho
y las termitas. Me incorporo, quedando sentada, pero un dolor punzante en el
costado y en el oído izquierdo hace que me vuelva a tumbar, conteniendo la
respiración. Durante un segundo me mareo, pero al instante vuelvo a abrir los
ojos.
Compruebo
que solo estoy yo en la sala, e inspecciono la habitación. Es un habitáculo
pequeño, en el que hay apenas otras tres camas como la mía. La puerta está al
fondo, semiabierta. Deduzco que debe de tratarse de la enfermería del
campamento, pues en una pequeña mesita reposa un maletín de primeros auxilios.
Una leve brisa me revuelve el pelo, y me da en las mejillas, tranquilizándome
un poco. Observo a mi alrededor, y veo que a la derecha hay una ventana con los
cristales rotos.
Justo
en ese momento, la puerta emite un crujido, y seguidamente se abre, captando mi
atención. Veo que es Jim, y me relajo, entrecerrando los ojos.
-Hey.
–Me saluda, alzando una mano, al tiempo que acerca un taburete de madera, que
estaba situado a unos metros, en una de las camas cercanas a la puerta. -¿Cómo
te encuentras? Llevas durmiendo tres horas desde que te dejamos aquí. –Mientras habla, observo que hace numerosos
gestos y muecas.
-Pues…
El costado me da punzadas, y el oído… Creo que he perdido audición por el oído
izquierdo. –Le respondo, a la par que me siento, comprobando que el dolor del
costado va menguando lentamente. En ese momento, me viene a la mente el plan,
Jim sobrevolando la estaca en la que estaba atado Tonn, y yo misma haciendo
volar por los aires toda la munición. -¿Qué pasó después de… La explosión? –Le
pregunto, intentando recordar.
-El
plan salió bien. Muy bien, diría yo, aunque Espe tuvo reservas a la hora de
aceptar que habíamos acabado con casi todos los Infectados. Pero yo solo soy
ahora un mensajero, será mejor que vengas a la Sala de Reuniones, allí podremos
hablarlo todos, y, de paso, comemos algo, que seguro que estás hambrienta.
Ahora
que lo dice, la verdad es que no tengo hambre. Es más, ni siquiera se me había
pasado por la cabeza la idea de comer, pese a que ya está anocheciendo. Ha sido
un día largo y agotador, y yo ni siquiera tengo hambre.
* * * * * *
Mientras
vamos caminando por el campamento, le echo un vistazo a todas las casetas que
hay montadas. Tienen un aspecto muy antiguo, como… Como si llevasen aquí
muchísimos años, antes siquiera de que se refugiasen los supervivientes de la
Inundación. Giramos a la derecha, y he podido comprobar que había una caseta
más como en la que yo he estado durmiendo. Tal vez no sea una enfermería, si no
una especie de salita para pasar la noche.
Finalmente,
llegamos a la que, supongo, será la Sala de Reunión. Es circular, con las
paredes de madera, aunque no se encuentra en tan mal estado como el resto de
casetas. Justo detrás de nosotros, hay otro gran habitáculo, aunque este es en
forma rectangular.
Esta
vez, en las torretas, no hay nadie vigilando.
Jim
abre una pequeña portezuela, y me deja pasar primero. Le doy las gracias con un
gesto de la cabeza, y paso dentro, mirando el interior de la estancia. Tiene
una mesa circular, con numerosas sillas alrededor, en las cuales están sentados
la mayoría de los presentes, exceptuando a Tonn y a Espe, que están hablando
cerca de una ventana.
Espe me
hace un gesto con la cabeza, saludándome, y Tonn alza la mano, con una mirada
un tanto fría. A continuación, inspecciono toda la sala, acercándome a una
cómoda que está situada cerca de una de las ventanas. Paso el dedo por encima
de la madera, quedándose así manchado del polvo acumulado. Cada vez estoy más
convencida de que este sitio tiene muchos más años de los que creía cuando
llegué.
Jim me mira, y logro entender que debo tomar asiento. Me acerco a
la mesa circular, y acerco una silla, sentándome entre la chica de los
prismáticos y Jim. Observo la mesa; Tiene bastantes astillas, pero aun así, es
preciosa. Un grabado circular de colores vivos está dibujado en su superficie,
en la que se entrelazan numerosas cintas de diversos colores. Contrasta completamente
con el resto del campamento, el cual apenas destacan un gris apagado o un
marrón clarito.
A la vez que yo me siento, el resto de personas en la
habitación se van acercando lentamente a la mesa, tomando asiento y charlando
los unos con los otros. Los últimos rezagados son Tonn y Espe, que se sientan
en sillas opuestas.
Comienzo a ponerme nerviosa, y a observar a todas personas de la
habitación. Hay una docena reunidos alrededor de la mesa, sin contarme a mí.
Reconozco a Espe, a Jim, a Tonn, al chico de la herida en el brazo, -La cual
tiene vendada fuertemente-, y a la chica de los prismáticos, la cual está
sentada a mi derecha. El resto de personas son 5 chicos y 2 chicas, que están
hablando en un tono de voz muy bajo.
Entonces, Espe pide silencio con una sonora palmada en la mesa, y
todos enmudecen. Nos quedamos mirándola, esperando que comience a hablar. Lo
medita unos instantes, y finalmente comienza:
-He convocado esta reunión porque hoy se decidirá quiénes
son verdaderamente parte del Campamento. –Tras estas palabras, todos expresamos
gestos de confusión, y ella prosigue.
-Pero de eso hablaremos más tarde, lo que viene al caso ahora
mismo es la misión de hoy, gracias a la cual, hemos podido echar del campamento
a los Infectados, aunque no sabemos a ciencia cierta durante cuánto tiempo. Hay
miles, diría que millones de Infectados ahí afuera, dispuestos a arrancarse los
brazos mutuamente por un pedazo de nuestra carne. Y creo, que no hemos visto la
que se nos venía encima hasta hoy. Creo que no nos hemos percatado de todo esto
hasta hoy, me incluyo a mí misma.
Por fin. A ver si me explican de una vez qué sucedió
mientras yo dormía. Intento relajarme en mi silla, pero es muy incómoda, y la
madera es demasiado antigua. Espe continúa hablando.
-Bueno, voy a proceder a hacer un resumen para los que no están
del todo enterados de en qué consistía el plan. –Dice esto mirándome a mí, y sé
que debo prestar atención.
** Cinco
horas antes **
Cuando termino de presentarme con Jim, vuelvo a apoyarme en la
pared del almacén, pensando en una solución rápida y eficaz para quitarnos de
un plumazo a los Infectados de las cercanías del Campamento. Mientras, Jim y
Espe hablan de algo referente a los turnos de vigilancia.
-Sí, hoy me tocaba a mí, Jim. ¿No ves que hace dos días te
tocó a ti? –Espe mete la mano en su cazadora, y saca un paquete de cigarros, al
tiempo que saca un mechero del otro bolsillo.
-Ya lo se, Espe, pero como dijiste que tú hoy querías
vigilar las reservas del almacén y eso… Además, la munición es peligrosa, y yo
soy un novato aun. –Jim se sofoca mientras dice estas palabras, al tiempo que
mira en dirección al almacén.
Entonces, un pensamiento, una idea va abriéndose paso por mi
cabeza, hasta que la formulo con mi voz.
-¿Munición? ¿Explosivos? –Le pregunto a Espe, separándome de
la pared y mostrando interés.
-Sí, cuando llegamos al Campamento había una gran reserva de
explosivos, pólvora y armas en los almacenes, así que lo reunimos en uno solo,
que está constantemente vigilado. –Espe alza una ceja, y seguidamente vuelve a
hablar. -¿Por qué tanto interés ahora, de repente?
-Porque… Se me ha ocurrido una idea. Es muy arriesgada, pero
creo que puede funcionar si todos nos sincronizamos bien. –Al ver sus rostros
inquisitivos, continúo. –Podríamos atraerlos. Pero no me refiero a atraerlos
aquí, si no a un punto concreto en el campamento. Pero claro, en ese punto
podría haber una especie de trampa previamente preparada por nosotros, y, como
habéis nombrado los explosivos y la pólvora… Podríamos crear una explosión en
cadena, cuando se reuniesen en torno al cebo, y… Bum. Infectados por los aires
a tutiplén. ¿Qué os parece? El problema sería el cebo… Porque no creo que nadie
esté dispuesto a ofrecerse voluntario.
Tras mi idea, Espe lo medita unos segundos, y veo la cara de
aprobación de Jim.
-Ey, yo creo que podría funcionar si lo hacemos bien. –Espe
asiente lentamente, y sé que he aportado algo de utilidad.
Entonces, limpiamente, Jim
coge cuatro ramitas del suelo, y las mezcla, cogiéndolas con el puño cerrado,
de forma que no se vea cuál es la más larga.
-Coged una ramita, el que saque la rama más larga, deberá
hacer de cebo. –Tras sus palabras, Espe es la primera en elegir, le sigue Tonn,
luego yo, y, finalmente, Jim se queda con la última.
Comparamos las respectivas ramitas, y, con un gruñido de
resignación, Tonn suspira.
-Cómo no, debería haberme ofrecido voluntario y acabábamos
antes. –Jim se ríe, y Espe esboza una sonrisa, que se le borra de la cara al
segundo.
-Jim, avisa a Alex y explícale el plan. Tonn, ayúdame a
sacar toda la munición del almacén, y tú, -Dice señalándome- ve preparando el
círculo de pólvora en el centro del campamento. Tenemos que actuar rápido, o de
lo contrario los Infectados acabarán rompiendo la verja.
Fin del capítulo 5.
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