Bueno, iré subiendo los capítulos cada dos, tres o puede que a veces tarde cuatro días. Muchisimas gracias a todos los que me leéis. En este capítulo ya se va a ver por donde circula la historia.
Capítulo 2.
Silencio. Es lo único que se escucha tras sus palabras.
Un silencio que se clava, que se percibe, que casi diría que se puede cortar
con un cuchillo. Asimilo lentamente lo que me acaba de decir, sin comprender
del todo a qué se refiere.
Sin querer comprenderlo. La ceja que tenía arqueada va
volviendo a su posición inicial, a medida que las preguntas se agolpan en mi
cabeza.
-¿Qué Infectados? –Pregunto, casi en un susurro, dirigida
más bien a mí misma que a ella, sin querer saber la respuesta. –¿Este monstruo
era un Infectado? –Formulo la pregunta alzando un poco más la voz, para que no
pueda notar el miedo que me invade, a la vez que le echo una rápida ojeada al
ser que está tendido en el suelo, a unos pasos de mí.
Tras mi cuestión, la chica se gira de nuevo, y me hace
un gesto con la mano, indicándome que la siga. Dudo un momento, pero finalmente
me coloco a su lado –No quiero ir detrás de ella como un perrito faldero-, y
comenzamos a andar, sin saber muy bien hacia dónde me lleva. Contemplo los
árboles, el musgo, la hierba que me roza los pies. Ahora que me fijo, veo
claramente que tengo un zapato muy gastado, casualmente el izquierdo. ¿Qué me
habrá pasado para tener la pierna en tan mal estado?
-La Guerra comenzó hace un par de semanas, apenas dos
meses después de que la inundación lo dejase todo hecho una mierda. –La chica
comienza a hablar, mirando al suelo mientras caminamos. –Oye, no miro al suelo
porque me intimides ni porque esté sentimental. –Dice, y no puedo evitar
sonreír, pues es justo lo que estaba pensando. Vaya, yo que pensaba que tal vez
impusiera algo de respeto.
-¿Una Inundación? Pero… ¿Entonces, cómo es que esta
parte ha sobrevivido? Quiero decir… ¿Qué partes del mundo han quedado
inundadas? –Pregunté, con clara confusión.
Es curioso. Me acuerdo de cosas tan complejas como lo
son el idioma, de los conocimientos que
cualquiera que haya estudiado tendría… Pero no tengo ni idea de cómo me llamo.
-Sí, una Inundación. Es difícil determinar dónde nos
encontramos ahora mismo, pero puedo asegurarte que todas las zonas cercanas a
la costa, han quedado completamente destruídas. Es probable que, si las
sobrevuelas, tan sólo veas la punta de los edificios más altos sobresaliendo
del agua. –Cuando pronuncia estas palabras, el corazón se me encoge.
No sé muy bien por qué, pero creo que esta reacción
deja ver que yo vivía en alguna zona cercana a la costa.
Entonces… ¿Cómo demonios he llegado aquí?
-Ya veo… ¿Y se puede saber qué era exactamente ese… Ese
monstruo de antes? –Susurro, sin dejar de pensar en qué me ha podido pasar para
acabar aquí, con una pierna en muy mal estado y sin saber quién soy.
-Nadie lo sabe. Lo único que sabemos, es que atacan
directamente a los humanos. También hemos estado fijándonos en el aspecto, y
parecen humanos. Pero no son humanos, al menos, ya no. –Me responde, mirándome directamente a los
ojos, intentando decir algo más… Que yo no consigo descifrar. –Bueno… El origen
del nombre que les hemos puesto, Infectados, es porque todos suponemos que debe
de haber, o hubo alguna clase de virus que creó estas criaturas, de lo
contrario, no nos explicamos cómo han surgido.
No paso por alto la forma del plural. ¿Nosotros?
Entonces, hay alguien más. Probablemente esta chica sea de dentro del edificio
que estamos rodeando. Probablemente, haya muchos más como ella. A lo mejor este
es solo uno de los muchos campamentos que tienen montados alrededor del mundo.
-Y… -Empiezo la frase, dispuesta a preguntarle acerca
de los demás “soldados”, sobre la Guerra, sobre cómo había surgido la
Inundación. Pero no la termino. Porque en este preciso instante, alza la mano,
justo delante de mi cara, en un gesto que deja claro que debo callarme.
A los pocos segundos, y sin dejar de caminar, comienzo
a pisar suelo empedrado, un suelo de piedras irregulares que sobresalen. Y, al
girar la vista, contemplo lo que probablemente, es la entrada de la base, de la
resistencia contra los Infectados.
La chica se detiene a unos cuantos pasos de la gran
entrada, y se gira hacia mí.
-Por cierto… -Comienza a decir, al tiempo que vuelvo la
vista hacia ella. –Me llamo Esperanza, puedes llamarme Espe, todos me llaman
así. –Sonrío ante el nombre, es uno de los más extraños que he oído en… ¿Mi
vida? –Se podría decir que soy la esperanza de esta guerra. –Dice, riéndose
ante su propia ocurrencia, y yo bajo la vista, al tiempo que reanudo el paso,
temiendo que me pregunte cómo me llamo; No sabría cómo explicarle que no tengo
ni idea de quién soy.
-Hemos llegado… -Susurro, al estar en frente de las
puertas metálicas, casi inaudiblemente, al tiempo que una bandada de pájaros
estalla en un sonido gutural, alzando el vuelo por encima del bosque.
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