jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 2.


Bueno, iré subiendo los capítulos cada dos, tres o puede que a veces tarde cuatro días. Muchisimas gracias a todos los que me leéis. En este capítulo ya se va a ver por donde circula la historia.

Capítulo 2.
Silencio. Es lo único que se escucha tras sus palabras. Un silencio que se clava, que se percibe, que casi diría que se puede cortar con un cuchillo. Asimilo lentamente lo que me acaba de decir, sin comprender del todo a qué se refiere.
Sin querer comprenderlo. La ceja que tenía arqueada va volviendo a su posición inicial, a medida que las preguntas se agolpan en mi cabeza.

-¿Qué Infectados? –Pregunto, casi en un susurro, dirigida más bien a mí misma que a ella, sin querer saber la respuesta. –¿Este monstruo era un Infectado? –Formulo la pregunta alzando un poco más la voz, para que no pueda notar el miedo que me invade, a la vez que le echo una rápida ojeada al ser que está tendido en el suelo, a unos pasos de mí.

Tras mi cuestión, la chica se gira de nuevo, y me hace un gesto con la mano, indicándome que la siga. Dudo un momento, pero finalmente me coloco a su lado –No quiero ir detrás de ella como un perrito faldero-, y comenzamos a andar, sin saber muy bien hacia dónde me lleva. Contemplo los árboles, el musgo, la hierba que me roza los pies. Ahora que me fijo, veo claramente que tengo un zapato muy gastado, casualmente el izquierdo. ¿Qué me habrá pasado para tener la pierna en tan mal estado?

-La Guerra comenzó hace un par de semanas, apenas dos meses después de que la inundación lo dejase todo hecho una mierda. –La chica comienza a hablar, mirando al suelo mientras caminamos. –Oye, no miro al suelo porque me intimides ni porque esté sentimental. –Dice, y no puedo evitar sonreír, pues es justo lo que estaba pensando. Vaya, yo que pensaba que tal vez impusiera algo de respeto.

-¿Una Inundación? Pero… ¿Entonces, cómo es que esta parte ha sobrevivido? Quiero decir… ¿Qué partes del mundo han quedado inundadas? –Pregunté, con clara confusión.

Es curioso. Me acuerdo de cosas tan complejas como lo son el idioma,  de los conocimientos que cualquiera que haya estudiado tendría… Pero no tengo ni idea de cómo me llamo.

-Sí, una Inundación. Es difícil determinar dónde nos encontramos ahora mismo, pero puedo asegurarte que todas las zonas cercanas a la costa, han quedado completamente destruídas. Es probable que, si las sobrevuelas, tan sólo veas la punta de los edificios más altos sobresaliendo del agua. –Cuando pronuncia estas palabras, el corazón se me encoge.
No sé muy bien por qué, pero creo que esta reacción deja ver que yo vivía en alguna zona cercana a la costa.
Entonces… ¿Cómo demonios he llegado aquí?

-Ya veo… ¿Y se puede saber qué era exactamente ese… Ese monstruo de antes? –Susurro, sin dejar de pensar en qué me ha podido pasar para acabar aquí, con una pierna en muy mal estado y sin saber quién soy.

-Nadie lo sabe. Lo único que sabemos, es que atacan directamente a los humanos. También hemos estado fijándonos en el aspecto, y parecen humanos. Pero no son humanos, al menos, ya no.  –Me responde, mirándome directamente a los ojos, intentando decir algo más… Que yo no consigo descifrar. –Bueno… El origen del nombre que les hemos puesto, Infectados, es porque todos suponemos que debe de haber, o hubo alguna clase de virus que creó estas criaturas, de lo contrario, no nos explicamos cómo han surgido.

No paso por alto la forma del plural. ¿Nosotros? Entonces, hay alguien más. Probablemente esta chica sea de dentro del edificio que estamos rodeando. Probablemente, haya muchos más como ella. A lo mejor este es solo uno de los muchos campamentos que tienen montados alrededor del mundo.

-Y… -Empiezo la frase, dispuesta a preguntarle acerca de los demás “soldados”, sobre la Guerra, sobre cómo había surgido la Inundación. Pero no la termino. Porque en este preciso instante, alza la mano, justo delante de mi cara, en un gesto que deja claro que debo callarme.
A los pocos segundos, y sin dejar de caminar, comienzo a pisar suelo empedrado, un suelo de piedras irregulares que sobresalen. Y, al girar la vista, contemplo lo que probablemente, es la entrada de la base, de la resistencia contra los Infectados.
La chica se detiene a unos cuantos pasos de la gran entrada, y se gira hacia mí.

-Por cierto… -Comienza a decir, al tiempo que vuelvo la vista hacia ella. –Me llamo Esperanza, puedes llamarme Espe, todos me llaman así. –Sonrío ante el nombre, es uno de los más extraños que he oído en… ¿Mi vida? –Se podría decir que soy la esperanza de esta guerra. –Dice, riéndose ante su propia ocurrencia, y yo bajo la vista, al tiempo que reanudo el paso, temiendo que me pregunte cómo me llamo; No sabría cómo explicarle que no tengo ni idea de quién soy.

-Hemos llegado… -Susurro, al estar en frente de las puertas metálicas, casi inaudiblemente, al tiempo que una bandada de pájaros estalla en un sonido gutural, alzando el vuelo por encima del bosque.

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