jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 4 [Segunda parte].


Este capítulo tiene algo de especial: Distintos puntos de vista se entrelazan entre sí, dando una panorámica más amplia de la historia. Espero que os guste.

Capítulo 4 [Segunda parte].
Ya he terminado de cortar el cerrojo. Ahora está en manos de esa chica. Corro a través del campamento, mirando hacia el cielo. Está encapotado, con miles de nubarrones cubriéndolo completamente. Se avecina una tormenta, con rayos incluidos.  Me fuerzo a mí misma, y consigo correr más rápido, hasta hallarme a tan sólo unos metros de la torreta, en la que Jim me espera. Me coloco el arnés rápidamente, y comienzo a subir la escalerilla que está empotrada en la torre, mientras Jim me silba para que me de prisa.
Miro hacia arriba, y le pongo mi peor cara de enfado. Observo cómo pone los ojos en blanco y se gira, a la par que comienza a inspeccionar el horizonte. Supongo que estará escrutando a las decenas de Infectados que, ahora mismo, se adentran poco a poco en el campamento. Un cigarro ahora mismo no me vendría mal para tranquilizarme.     
**********
Aguanta, me digo. Aunque las cuerdas me aprieten, aunque mi vértigo me esté matando. Debo aguantar por mis compañeros. Debo confiar en que el plan saldrá bien, debo confiar en esa chica.
Maldición. Un nudo en mi garganta amenaza con salir en forma de grito, pero no debo. Contengo la calma, y veo al grupo de Infectados. Uno de ellos clava su mirada en mí, y se que el momento ha llegado. El resto no tardan mucho en fijarse también en la estaca a la que estoy atado, y menos tiempo aun, en el aspecto tan sabroso que debo de tener. Les bastará con dar unos cuantos empujones, para que mi vulnerable soporte caiga, y yo con él.
Pese a mi poca movilidad, miro a la izquierda, y observo la torreta a la que Espe está subiendo lentamente. Me río para mí mismo; A ella también tiene que estar pasándole factura su vértigo, por la mueca que ha puesto al encontrarse a dos metros del suelo. Y ni siquiera ha ascendido un cuarto de la torreta. Sonrío para mí; Se que ella ni siquiera se habrá planteado gritar, pues su honor es demasiado poderoso. Y mucho menos delante de Jim. Tiene que dar buen ejemplo, por algo es la que dirige todo el campamento. Con apenas diecisiete años recién cumplidos, ha sabido organizarnos, infundirnos ánimos, y, sobre todo, prepararnos mental y físicamente para todas las batallas.

Respiro profundamente. Destenso los músculos, que estaban agarrotados debido a la tensión del momento, y me mentalizo. Confío en mis compañeros, y, sobre todo, confío en esa chica, a la que apenas he conocido en dos horas. Si algo sale mal… Al menos sabré que he confiado en los demás, en mí mismo, hasta en el último momento.
Aprieto los puños; Mis manos están sudando. Alzo la vista, y miro directamente a los ojos vacíos de los Infectados. Retándoles. Invitándoles a que vengan aquí, invitándoles a que me devoren.

* * * * * * *
Alzo el brazo por delante de mí, hacia abajo. Espe está ascendiendo por la escalerilla muy lentamente, casi diría que demasiado. Le ofrezco ayuda, tendiéndole mi mano. Ella me mira por un segundo, y comprendo perfectamente su mirada. No quiere mi ayuda.
Tiene vértigo, y aún así, no ha mirado hacia abajo ni una sola vez, ni se ha dejado amedrentar por los gruñidos y gritos de los Infectados, que avanzan hacia el centro del campamento a una velocidad pasmosa. En apenas unos minutos estarán a la altura de Tonn.
En apenas unos minutos se decidirá quién vive y quién muere. Los Infectados ya han puesto todas las cartas sobre la mesa, y tienen todas las de ganar. Sin embargo, nosotros tenemos un as en la manga, un as que está en manos de esa nueva chica y de Tonn. Hemos decidido confiar en ella, a pesar de que apenas lleva un par de horas aquí.
Sin embargo, ha sido ella quien ha propuesto la idea. Quien, cuando estábamos a punto de solventar que la única solución era huir por la puerta de emergencia del campamento, ha propuesto una idea tan arriesgada como factible.
Espe termina de subir a la torreta.

-¿Cómo ha ido? –Le pregunto, al ver el sudor de su frente, y el temblor de sus manos.

-Bien, pero la escalerilla está en muy mal estado. Tendremos que echarle un ojo cuando todo esto acabe. –Me responde, quitándole importancia. Ella nunca admitirá que lo ha pasado canutas.

La miro de reojo, y observo cómo mete la mano en uno de los bolsillos de su cazadora, y saca un paquete de cigarrillos. Todavía sigo preguntándome de dónde los saca; Siempre tiene una cajetilla a mano, y eso que estamos en medio de la nada.
Mete una mano en el otro bolsillo de la cazadora, pero no encuentra el mechero. Pone cara de exasperación, y río por lo bajo.  Aunque sea mediante cigarros, creo que le vendría bien no estar tan agitada.

-¿Sabes? –Me pregunta de repente, mientras yo escruto al grupo de Infectados. –Si esto sale mal, podemos ir despidiéndonos de este sitio como base. Y también podemos ir despidiéndonos los unos de los otros.

-No va a salir mal. –Le respondo, sin saber siquiera lo que digo, moviéndome tan solo por una esperanza ciega en todos nosotros.

-Eso espero, Jim. Porque si sale mal, no volveré a confiar en mi intuición. –Espe se gira hacia mí, y me sonríe. Creo que es la primera vez que la veo sonreír con tanta sinceridad, y no por pura cortesía. Observo la marcha de los Infectados, y me acerco al borde de la torre. Levanto la mano, y realizo un gesto hacia detrás del almacén. Ahora solo podemos tener fe.

* * * * * * *
Esa chica me da muy mala espina. Está atrincherada a mi lado, con la cuerda en sus manos, y el mechero de Espe en la otra. Miro de nuevo por detrás del almacén, hacia el palo en el que está atado Tonn. Pobre chico. Aunque ha sido por sorteo, no puedo evitar apiadarme de él; Si esto sale mal, será el peor parado de todos nosotros.
Vuelvo a mirar a la derecha, hacia la chica de pelo castaño y manos temblorosas. ¿Por qué han tenido que elegirla a ella? Sí, vale, ha sido la que ha tenido la idea, pero aun así… ¿Cómo pueden fiarse tan rápido en ella?
Frunzo los labios, y me giro hacia ella.

-Oye, ¿Estás segura de lo que haces? –Le pregunto, con un obvio deje de molestia en mi voz.

La chica me mira, y suspira. –No. Pero me ha tocado a mí, y hay que apechugar. Además, creo que no es tan difícil, tan solo… Hacerlo en el momento correcto. –Tras pronunciar estas palabras, dirige su mirada hacia la torre en la que se encuentra Jim, y por la que escala lentamente Espe. Aprieto fuertemente la pistola contra mi costado, y cierro los ojos por el dolor. La herida del hombro no deja de sangrar, y me da punzadas muy dolorosas. Pero debo resistir, ya tendré tiempo de quejarme si todo esto sale bien.
Espe termina de escalar, y conversa unos segundos con Jim. Seguidamente, éste le hace un gesto a la chica de mi lado, la cual pone en tensión todo su cuerpo.

* * * * * * *
Aprieto la cuerda entre mis dedos, y enciendo el mechero. Es la hora.
Sin pensarlo dos veces, salgo corriendo desde detrás del almacén, y atravieso el centro del campamento, pasando a una velocidad vertiginosa por delante de la torreta, sin mirar atrás. No puedo verlo, pero la cuerda se asienta en el suelo, al tiempo que mis pies pisotean el suelo, levantando la tierra y formando un humillo tras de mí.
Los Infectados ni siquiera se percatan de mi presencia cuando paso por detrás de ellos, cuando la cuerda queda a sus espaldas. Con cuidado de no pisar las muescas de pólvora del suelo, con cuidado de que no se corte en ni un solo tramo del camino, deposito el último centímetro de cuerda en el suelo.

Enciendo el mechero, y prendo la cuerda. Observo la mecha arder, observo cómo el fuego va siguiendo la cuerda, y, más tarde, la pólvora, hasta llegar al conjunto de munición que hay semienterrado a varios metros por detrás del palo en el que está atado Tonn.
Casi le veo tragar saliva, contener la respiración.
Por un segundo, todo se para: Espe con el cigarro en la mano, aún sin encender. Jim con los ojos muy abiertos, contemplando toda la escena. El chico de detrás del campamento, con la herida aun abierta en el hombro. Tonn atado, rezando, conteniendo la respiración.
Yo misma, recordando mi nombre.
Y, sin tan siquiera esperarlo, una explosión me devuelve a la realidad. Y otra más. Y otra.
Los oídos me pitan, casi los siento estallar. Ruedo por la gravilla, hacia detrás de la otra torreta, en la que la chica de los prismáticos escrutaba el horizonte cuando llegué. Quedo tendida boca arriba, oyendo las explosiones.
Las explosiones que rodean la estaca en la que está atado Tonn, y sobre la que Jim avanza a velocidad vertiginosa. Se balancea unos segundos sobre Tonn.
Una explosión sacude la tierra, y pierdo el conocimiento.

[Fin de la segunda parte].

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