Capítulo 4 [Especial].
Aprieto
los puños, cerrándolos fuertemente. Achico los ojos, pues sigo sin ver bien de
lejos. Los Infectados se apelotonan en la valla, ocupando cada vez más espacio.
Algunos incluso han logrado escalar medio metro, aproximadamente. Frunzo el
ceño, y medito qué puedo hacer. Tonn está situado a un metro por detrás de mí,
y Espe ya se ha alejado bastante.
Inconscientemente,
y, aunque sé que no es el mejor momento, me decido a echar un vistazo a mi
alrededor.
A mi derecha está situado el almacén en el que
antes entró Tonn, y del que cogió las llaves. Fijándome bien, no es tan pequeño
como parece. Podría ser perfectamente el salón de mi casa, o una cocina muy
lujosa, quitando que está fabricado con madera, claro. A mi izquierda hay otra
caseta, aunque esta es mucho más grande. Intuyo que será la sala de reuniones o
algo parecido, debido a que, desde mi posición, no veo el final de las paredes,
por lo que deduzco que es una sala redonda. Un poco más adelante, a diez metros
de mí, hay una enorme torreta que se alza incluso por encima de la valla. Al mirar
hacia arriba, veo a una chica apostada en su cima, que se dedica a escrutar el
horizonte con unos prismáticos, en la dirección donde se encuentra la
concentración de Infectados.
Sin
embargo, y cuando comienzo a especular sobre quién será la chica, un fogonazo
me sorprende. Proviene de detrás de mí. Me aparto a un lado instintivamente,
cubriéndome la cabeza con las manos. Miro a ambos lados, sobrecogida, y veo a
Tonn con una pistola en la mano, la cual apunta directamente a la reja en la
que están los Infectados.
-Tonn,
¡Eres idiota, ¿O qué te pasa?! –Espe se altera, y se acerca a grandes zancadas
hasta Tonn, el cual está contemplando la verja con una ceja arqueada.
-No
soy idiota, Espe, escúchame por una vez. Podemos abatir a los Infectados a tiros. –Tonn
baja el brazo, y seguidamente inspecciona su pistola, escrutando el gatillo, y
la munición.
-Sí,
definitivamente eres idiota. –Espe sacude la cabeza y pone los ojos en blanco.
–Tonn, ¿Te das cuenta de el hecho de que liarte a tiros con los Infectados,
solo hará que el resto que haya pululando por la zona, vengan atraídos como
polillas al campamento? Y deja que te diga, que probablemente podrás con los
que ahora están en la reja, pero cuando se acabe la munición, me da la
impresión de que no dirás lo mismo. –Espe carraspea y le arrebata la pistola de
las manos, guardándosela en el bolsillo.
Tras
este gesto, Tonn baja el rostro, visiblemente ofendido. Yo observo la escena
con timidez; Es algo tan cotidiano para ellos, que no sé qué decir. Ni siquiera
se me ocurre algo más eficaz que lo que ha intentado hacer Tonn.
* * * * * * *
Las
rejas hacen un sonido cada vez más irritante. Los Infectados se dedican a
zarandearla, empujar y cargar contra ella, o apelotonarse los unos sobre los
otros, llegando a veces a rozar la parte superior, pero sus mugrientos dedos
acaban escurriéndose; No son capaces de hacer contrapeso para pasar al otro
lado.
Nos
hemos sentado contra la pared del almacén, pues no se nos ocurría nada. Espe ha
pensado en varias opciones; Ahuyentar a los Infectados con la pistola, que
alguien haga de cebo, corriendo bosque adentro para que los Infectados le
persigan… Pero las hemos descartado todas. Hay que buscar una solución fuerte,
que sepa echarlos definitivamente, algo que haga que tengan miedo de este
lugar. Sin embargo, parece que esa posibilidad no existe, o que no somos lo
suficientemente ingeniosos para encontrarla.
Yo he
cogido un palo de madera, y estoy escribiendo en el suelo, de una forma que ni
tan siquiera yo me creía capaz. Parece que mi problema de memoria no afecta a
las cosas cotidianas, eso está claro. Tonn está apoyado contra la pared, de
pie, jugueteando con la cremallera de su chaqueta. Espe lleva un buen rato
dando vueltas en círculos, parándose de vez en cuando, diciendo alguna nueva
idea, y enfadándose cuando la rechazamos.
El
chico de la campana ya no la hace repiquetear; Ahora está sentado en la torre,
con los pies colgando, y el rostro en dirección a la valla. Me asalta una duda:
¿Quién es ese chaval? Tiene que formar parte del campamento, y, por lo que se
ve, su misión es avisar de los posibles peligros al resto.
Justo
parece que me ha leído la mente, pues en ese mismo instante, comienza a bajar
por unas escalerillas que hay pegadas a la torre, de forma muy poco grácil.
Cuando al fin alcanza el suelo con un pequeño saltito, lo observo acercarse a
nosotros. Es un poco más bajo que yo, y cuando llega a nuestro lado, puedo
apreciar sus rasgos; Viste pantalones cortos, sandalias que le llegan hasta los
tobillos, y una camiseta que le queda larga. Lleva el pelo corto, de un tono
negro azabache. Los ojos van a juego con el color, y en este caso, asocio el
color de sus ojos con el café caliente, ese que aún ni siquiera ha sido
servido, el que se mantiene humeante en la cafetera.
Tonn
se pone en pie rápidamente, y se dirige a él con gesto enfadado.
-Eh,
Jim. ¿Por qué bajas de la torre? Así no tenemos a nadie que nos avise de si se
acercan más Infectados.
El
chico se encoge de hombros. -¿Y para qué serviría que os avisase? –Le responde.
–Vais a seguir ahí sentados, así que tampoco sería de mucha utilidad.
El
chico mira a Tonn a los ojos, y luego dirige su mirada a mí. Me mira con
evidente curiosidad, sin decidirse a hablar. Mira con gesto interrogante a
Espe, que hace una mueca y procede a contar todo el episodio del bosque.
-Vaya,
así que Espe ha tenido que salvarte de un Infectado… -Sonríe, y acto seguido,
añade.
–A ver si te salva también de esta. –Mira
hacia un lado, y me tiende su mano, al tiempo que se presenta. –Yo me llamo
Jim, aunque aquí me llaman “El pequeño Jim”, debido a que soy el más pequeño
del grupo. Apenas cumplí los 14 un par de días antes de que la Inundación
destrozase el negocio de mi familia. Con mi familia y yo mismo dentro.
Me
sobrecojo ante sus palabras, pero él se limita a sonreír tristemente, así que
me limito a devolverle el apretón de manos, mientras añado que yo no sé quién
soy, y que ni siquiera se mi edad, así que podría pasar a ser “La pequeña nueva
del campamento”, o algo parecido.
* * * * *
Tonn
está atado en un poste de madera, a cinco metros del suelo. Las cuerdas
sostienen fuertemente su pecho, sin dejarle moverse siquiera. Los Infectados se
apelotonan en la entrada del campamento, ansiosos de carne fresca. Zarandean
sus cuerpos, sus manos, entre los barrotes que sostienen las rejas. Abren sus
bocas lentamente, dejando que la baba caiga sobre el suelo empedrado. Aprieto
los dientes, sosteniendo el tesoro que tengo entre mis manos. Cierro los ojos,
y pienso en cómo se han desarrollado las dos últimas horas. En lo que está a
punto de suceder, y en todo lo que nos jugamos. Trago saliva, y miro al chico
que está a mi lado, con una pistola en la mano; No dudará en disparar si se
acercan a él. Está sudando, y aprieta los dientes, pues la herida de su hombro
no deja de sangrar.
Miro a
Jim, estoy detrás del almacén. Él está en lo alto de la torreta, y me lanza una
última mirada, antes de hacerme el gesto que confirma que me llega la hora de
actuar. Miro a la izquierda, y veo a Espe en la entrada.
Termina
de cortar el cerrojo, y los Infectados se arremolinan en torno a la verja, a
apenas tres segundos de entrar en el campamento, al tiempo que Espe huye,
atravesando a una velocidad vertiginosa el campamento, hasta llegar a la
torreta y ponerse a salvo.
Fin de la primera parte.
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